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El recambio, ese trabajo necesario para no perder el prestigio ganado

Clasificar a la Copa del Mundo 2026 fue apenas el primer paso en este nuevo renacer de la Albirroja. Con la presencia asegurada en el 2030 por la organización compartida, Paraguay empieza a pensar en aquellos que se encarguen de portar la antorcha guaraní en los desafíos siguientes.

| Por Rodrigo Raúl López Riquelme
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Pitta, Cáceres y Maidana, tres que encabezan el nuevo grupo de seleccionados, especialmente el último de ellos.

Si bien el Mundial 2026 marcó el regreso de Paraguay al escenario más importante del fútbol después de una larga ausencia, y de gran manera siendo (hasta el momento) el único sudamericano en eliminar a dos europeos; el verdadero desafío recién comienza. Ahora, ya en casa y con la cabeza fría después de los intensos días que vivimos, se debería empezar a trabajar en el Mundial 2030 que está a la vuelta de la esquina.

El objetivo se cumplió y el proceso encabezado por Gustavo Alfaro devolvió ilusión, identidad y competitividad a una selección que parecía haber perdido el rumbo. Sin embargo, a diferencia de otros ciclos, la Albirroja no puede permitirse pensar únicamente en el próximo partido o, peor, recordar lo que fue. La Copa América 2028 será la primera estación de un camino que seguirá su curso en el Mundial 2030, un torneo especial para el fútbol paraguayo porque el país ya tiene asegurada su presencia como uno de los organizadores. Ese privilegio también implica una enorme responsabilidad, para no correr con la misma suerte que Catar en el 2022 o Sudáfrica en el 2010, por ejemplo.

Por eso, este momento es el ideal para iniciar el recambio, sin prisa, pero sin pausa. Empezar a darle minutos a nuevos nombres y comenzar a construir la base del equipo que deberá representar al país dentro de cuatro años.

La columna vertebral parece estar asegurada. Julio Enciso, Diego Gómez, Damián Bobadilla, Matías Galarza, Gustavo Caballero, Maurício Magalhães, Orlando Gill, Ramón Sosa, Isidro Pitta, Braian Ojeda, Juan José Cáceres, Omar Alderete y José Canale llegarán al 2030 con edades que todavía les permitirán competir al máximo nivel. Ellos serán el puente entre la generación que devolvió a Paraguay al Mundial y la que intentará consolidarlo entre las mejores selecciones del globo.

Detrás sobresale una camada que podría tomar la posta. Empezando por el arco, si bien Gill es joven, atrás aparecen otros guardametas que proyectan un gran porvenir, como Aldo Pérez y Facundo Insfrán.

En la defensa, los nombres de Alan Núñez, Lucas Quintana, Ronaldo Dejesús y Alexandro Maidana suenan fuerte, el último de ellos incluso con experiencia mundialista. No olvidar tampoco a Diego León, que trabaja y espera su chance pacientemente en el Manchester United inglés.

Pasando al mediocampo, Lucas Romero apunta a quedarse con la camiseta número 6 de Paraguay. A su lado, en la función más ofensiva del doble volante, surge el nombre de Eduardo Delmás, la nueva joya del Olimpia. Por afuera, ya sea de internos o externos, dos que hoy por hoy militan en el Viejo Continente: Enso González y Hugo Cuenca, ambos en busca de minutos para consolidarse.

Arriba también Paraguay cuenta con recursos de cara al futuro y Diego González es la cara de este agrupado. El extremo brilla en México e incluso integró la prelista para este Mundial. Nos falta un nueve, un centrodelantero amigado con el gol y ese puede ser Allan Wlk; joven, potente, anotador, aunque sin experiencia continua en el extranjero, más allá de algún paso fugaz.

Ninguno de ellos necesita convertirse en figura de inmediato. Lo que necesitan es competir, equivocarse, aprender y asumir responsabilidades mientras todavía están acompañados por los referentes del actual plantel.

Ese es, quizás, el mayor desafío del entrenador; encontrar el equilibrio entre seguir siendo competitivo y preparar el seleccionado del futuro.

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