Las situaciones que fueron surgiendo previo al Mundial, en el transcurso de la competencia y, sin dudas, los que continuarán tras su finalización, ha puesto sobre la mesa muchas dudas que afectan a la credibilidad de la propia FIFA. Las polémicas tomaron protagonismo en la competencia, más allá de las sensaciones emocionantes de los partidos que, hasta ahora, las selecciones nos han brindado verdaderos partidazos.
Una de las primeras situaciones que estallaron fuera de las canchas se dieron con los hinchas, donde el valor de sus entradas no oscilaba con las ubicaciones en las tribunas. Un hincha canadiense había adquirido un ticket del precio más alto, con la idea de sentarse en una butaca de vista privilegiada, pero, finalmente, lo ubicaron detrás de uno de los arcos.
Ante esta situación, decidió hacer la denuncia, pero, hasta ahora, todo quedó en la nada. Ahora bien, dentro del campo de juego es imposible olvidar la expulsión de Miguel Almirón, cuando, en una confrontación con el jugador turco, Mert Müldür, se había tapado la boca, el árbitro salvadoreño, Iván Barton, aplicó la nueva regla catalogada como “ley Vinicius”, donde no se permite que una figura cubra su boca para insultar al rival.
Lo llamativo de todo es que la misma acción se dio en otros partidos y no se aplicó ninguna sanción. Por ejemplo, el futbolista inglés, Jude Bellingham, utilizó el mismo recurso en confrontación con el ghanés, Jordan Ayew, en síntesis, no pasó nada.
Cómo no citar inclusive la decisión arbitral del penal que favoreció a Francia contra Paraguay, cuando en la repetición se ve claramente que Désiré Doué ya se venía lanzando, impactando por la rodilla de Diego Gómez, pero, el juez uzbeco, Ilgiz Tantashev, interpretó vía VAR que Gómez impacta por el jugador francés.

Por último, está lo que sería hasta el momento el mayor estallido, la expulsión del delantero estadounidense, Folarin Balogum, ante Bosnia que, finalmente, la FIFA revirtió su sanción, habilitándolo para jugar contra Bélgica, donde aparentemente hubo un trasfondo político en el cual, el presidente norteamericano, Donald Trump, se habría contactado telefónicamente con Gianni Infantino, solicitando rever la situación, esto generó en masiva un rechazo rotundo, calificando el hecho como una decisión parcialista que manchó al profesionalismo del árbitro brasileño Raphael Claus, cuya decisión fue correcta, como también a la credibilidad de la competencia.
A partir de estas situaciones y otras: ¿Cómo la FIFA puede volver ganarse la confianza del mundo futbolero? ¿Qué argumentos puede emitir en base a las innumerables polémicas que afectan a su veracidad como institución? ¿Es momento de sentarse sobre la mesa y revertir reglas que estarían apagando la esencia del fútbol? Solo el tiempo responderá a todas estas preguntas.


