El sueño mundialista de Paraguay terminó el sábado en Filadelfia, un recorrido que no queríamos que termine, que ilusionó y nos volvió a unir detrás de la camiseta nacional. En su espectacular tránsito por rutas norteamericanas, miles de compatriotas acompañaron al equipo partido a partido, ciudad a ciudad, transformando cada una de ellas en un pequeño rincón guaraní.
La travesía comenzó en Los Ángeles, sobre la costa del Pacífico, donde la selección disputó la fase de grupos. Desde allí, ya con la clasificación asegurada, el fervor albirrojo cruzó el país rumbo a Boston para los dieciseisavos de final y volvió a hacerse sentir en Filadelfia, escenario del ajustado 1-0 frente a Francia que puso fin a la ilusión.
Familias enteras, grupos de amigos y paraguayos residentes en distintos estados se organizaron durante semanas para seguir al equipo. Muchos recorrieron miles de kilómetros por carretera o en avión; otros viajaron desde Paraguay únicamente para vivir la experiencia mundialista.
Banderas, camisetas, tereré y el inconfundible silbido seguido del grito ¡Paraguay! acompañaron cada presentación de la selección. Un penal polémico marcó el final del camino, pero a la hinchada no le importó eso y dejó una de las postales más emotivas del torneo, aplaudiendo de pie a sus guerreros que cayeron de pie, como gigantes que son.




