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Cuando lo legal se contradice con lo moral

Ganó Francia 1 a 0. Es legal. Jugará con Marruecos los cuartos de final de la Copa del Mundo 2026. Paraguay perdió el partido. Y retorna a casa, pero con la frente en alto porque cayó de pie y no por KO. Así como hay victorias que inevitablemente se manchan contaminadas por la soberbia, hay triunfos enaltecidos por la entrega y la humildad.

| Por Pedro García Garozzo
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Educación, ante todo. Mbappé le negó el saludo a Gill al finalizar el partido del sábado.

Por lo arriba expuesto, al final también ganó Paraguay. No es el tipo de victoria que otorga tres puntos o un avance hacia una clasificación superior. Es un triunfo moral, que exalta valores humanos que están muy por encima de los mundanos. Y el retrato fiel que simboliza y sintetiza este hecho, se dio al término del partido con la imagen viralizada en las redes de la petulante y soberbia respuesta de Kylian Mbappé ante el intento de saludo con el brazo extendido en amistosa y fraterna actitud que le extendió nuestro arquerazo Orlando Gill, que no llegó a destino por el “ninguneo” del pedante artillero francés, que solo pudo convertir con pelota parada, ante la férrea marca de los defensores guaraníes, encabezados por el gigantesco Orlando Gill, que otra vez fue reconocido por la esta vez acertada medida de FIFA que lo ungió como MVP del enfrentamiento.

Ganó Francia porque fue más equipo, por la calidad de sus jugadores, que están entre los mejores del mundo por lo que a nadie extrañará que levanten de nuevo esta misma copa en disputa.

Es legal, más allá de lo que VAR y juez principal pudieron interpretar. Pero qué lejos está Francia de ganarle a Paraguay en lo moral, porque, así como hay victorias manchadas por actitudes improcedentes, hay derrotas que enaltecen a sus protagonistas, como esta que la Albirroja experimentó ante tan prestigioso antagonista. Y que como el gran estratega Gustavo Alfaro lo ha definido con su acostumbrada certeza, nos enseñan porque todos quienes pasan por un mundial vuelven enriquecidos por la experiencia.

Y quien más debe aprender de esa materia, igualmente incluida en la malla curricular de un campeonato ecuménico de fútbol que es la ética, es justamente el reprobado alumno de moral Kylian Mbappé, quien fue a gritarle en la cara con gestos provocadores y desafiantes al bueno de Orlando Gill que ya entonces le dio una lección de humildad ante tan desproporcionado e inapropiado festejo. La actitud que asumió el guardavallas lo enaltece. Por contrario imperio, el desafiante y desafortunado proceder del goleador, lo degrada y aplaza en esta asignatura más que desaprobada al reducir su estatura a la de un verdadero pigmeo ético, cuando terminada la lucha le niega el saludo al golero nacional.

Gano Francia. Disfruta de una victoria, que es legal, pero que, en lo moral, está manchada por la arrogancia que riñe con los nobles postulados del deporte.

Mbappé, que es un sabelotodo con la pelota, un virtuosísimo jugador, tiene mucho todavía que aprender en la escuela de los valores humanos. Y aunque quizá no lo valore el mismo protagonista, Gill le dio el sábado una gran lección de comportamiento como unánimemente se resalta en plataformas digitales de los más diversas latitudes, incluida la propia Francia.

El prestigioso comentarista Bertrand Latour, columnista de uno de los medios más importantes de Paris y el mundo entero, el diario deportivo L’Équipe, censuró a Mbappé señalando que como “capitán de la selección de Francia, no debería estar peleándose ni provocando, tal como sucedió hoy”. Y no fue el único que en su país realizó esta valoración.

La Albirroja, nuevamente tendencia global, perdió un partido contra los galos, pero ganó el oro del campeonato moral.

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