Hay partidos que nunca terminan. Quedan suspendidos en la memoria, congelados en una imagen que se repite una y otra vez. Para toda una generación de paraguayos, Francia 1998 sigue siendo eso: centro de Robert Pires, pase de cabeza de David Trezeguet y derechazo de Laurent Blanc. La resistencia guaraní finalmente cedió y la pelota se abrazó a las redes del arco de José Luis Chilavert. El silencio sonó en todo el país, cuando el primer gol de oro de la historia de los Mundiales apagó el sueño albirrojo.
Pasaron 28 años. Una eternidad en el fútbol y, al mismo tiempo, un abrir y cerrar de ojos para quienes crecimos con ese recuerdo. Muchos descubrimos ahí lo que significaba una eliminación mundialista. Otros aprendimos que el fútbol podía ser profundamente injusto. Paraguay había resistido durante 113 minutos frente al futuro campeón del mundo y estaba a un paso de los penales cuando apareció ese disparo que hoy, a casi tres décadas, todavía duele.
El destino, caprichoso como pocas veces, decidió volver a cruzar los caminos. Otra vez Francia. Otra vez unos octavos de final. Otra vez en una Copa del Mundo. La diferencia es que ahora hay una nueva generación de futbolistas con la posibilidad de escribir una historia distinta.

No se trata de cobrar una deuda. El fútbol no funciona así; pero a su vez, el fútbol siempre da revancha y esta, sin lugar a dudas, es la oportunidad perfecta para hacerlo. Aquella herida de 1998 quedó abierta en el corazón de miles de paraguayos que, desde entonces, imaginaron un juego de desquite que parecía imposible de concretarse.
Y ahora está ahí. Esperando.
Los más jóvenes quizás conozcan aquella historia por videos de internet o por los relatos de sus padres. Los demás todavía podemos describir exactamente dónde estábamos cuando Blanc apareció entre los defensores albirrojos. Recordamos la angustia, la rabia y esa sensación de que Paraguay merecía algo más.
Por eso el sábado será mucho más que un partido de fútbol. Será una oportunidad para resignificar un recuerdo que nos acompañó durante casi tres décadas. Quizás la ocasión perfecta, Francia con todas sus figuras y siendo el plantel más costoso de todo el Mundial, contra la aguerrida Albirroja con hambre de gloria y ya con experiencia en esto de tumbar gigantes.
¿Quién sabe? Tal vez el fútbol, que tantas veces devuelve lo que antes quitó, tenga preparada una escena perfecta. Que esta vez sea Paraguay el que encuentre el gol inolvidable, el gol de oro.
Veintiocho años después tenemos la oportunidad de cambiar un recuerdo y reemplazarlo por otro para que esa imagen, que tanto nos persiguió, deje de ser la última página de la historia entre ambos y pase a ser apenas un capítulo.


