Cada mercado de pases tiene su novela. Pero hay algunas que trascienden lo futbolístico y se convierten en una cuestión de orgullo y poder. La posible llegada de Alejandro Romero Gamarra al fútbol paraguayo volvió a enfrentar a los tradicionales rivales de nuestro fútbol con otra edición más del superclásico, pero este fuera de la cancha.
No hace falta una firma para encender la mecha. Basta un rumor, una foto, una llamada o una frase ambigua para que la pelea comience.
“Kaku” todavía no definió su futuro. Él mismo admitió que recibe mensajes de ambos lados y que primero quiere enfocarse en la selección y el Mundial antes de tomar una decisión.
Pero el simple hecho de que su nombre aparezca vinculado a Olimpia y Cerro ya alcanza para transformar el mercado en un clásico paralelo.
No sería la primera vez
Quizás uno de los casos más recordados ocurrió a principios de este siglo, con el colombiano Orlando “el Pony” Maturana, zurdo creativo que era el deseo de los dos grandes en aquellos años donde contratar una figura también significaba ganarle una batalla emocional al rival. Luego llegó Pablo Zeballos, protagonista de una historia similar, pero con desenlace favorable al Ciclón, antes de decantarse definitivamente por la camiseta de la franja azabache.
Más reciente fue el caso de Derlis González. Su vuelta desde Europa generó una batalla silenciosa. Aunque su historia parecía conducirlo naturalmente hacia Olimpia, el interés de Cerro existió como posibilidad latente. Finalmente, el sentimiento terminó inclinando la balanza.
Y si de identificación se trata, el nombre de Jonathan Fabbro todavía aparece como símbolo de pertenencia absoluta. Figura de Cerro Porteño; hoy, su sola mención en la órbita franjeada genera rechazo inmediato, pero en su momento, el Decano también disputó su concurso con el Azulgrana.
Por eso el caso “Kaku” tiene un condimento especial. No está marcado todavía por ninguna de las dos camisetas. Y justamente allí reside el atractivo. Tanto Olimpia como Cerro empezarán a jugar el segundo semestre mucho antes del inicio, para tratar de dar un golpe emocional a su tradicional rival.


