Hay triunfos que valen tres puntos y otros que dejan una sensación mucho más profunda. La victoria de Cerro Porteño en Cartagena pertenece a esa segunda categoría. El 1-0 sobre Junior de Barranquilla acomodó enormemente al conjunto azulgrana en el Grupo F de la Copa Libertadores 2026 y, también, mostró las primeras señales claras de la mano del nuevo cuerpo técnico, con un equipo con identidad competitiva capaz de sostenerse en escenarios pesados y en partidos de alta tensión.
El Ciclón entendió la importancia del encuentro en Colombia para escalar posiciones en la tabla y hacer valer el empate ante Palmeiras de la semana pasada. No necesitó monopolizar la pelota ni exhibir una versión exuberante para llevarse una victoria enorme. Le alcanzó con orden, concentración y una estructura defensiva cada vez más sólida. El equipo de Ariel Holan se adaptó al contexto del encuentro, resistió cuando tuvo que hacerlo y golpeó con la eficacia de los equipos maduros, de los coperos. Allí apareció el “Pirata”, Pablo Vegetti, para demostrar toda su calidad en un solo movimiento; un golazo que vale tres puntos.
Solo dos golpes
Los números muchas veces explican gran parte de los momentos. Cerro apenas recibió dos goles en cuatro presentaciones de Copa Libertadores. Esa cifra lo convierte en uno de los equipos más firmes defensivamente de la fase de grupos, solamente superado por Rosario Central y Corinthians. La seguridad de Alexis Martín Arias, la experiencia de la última línea y el sacrificio colectivo para replegarse defensivamente construyeron un cerrojo que hoy sostiene la campaña continental.
Detrás de las estadísticas también aparece un componente anímico que empieza a notarse. Cerro juega convencido. Incluso en los momentos incómodos transmite sensación de equipo compacto. En Cartagena volvió a demostrarlo ante un Junior urgido, empujado por su público y obligado a ganar para seguir con vida.
El sello de Holan

La mano de Holan empieza a verse. El entrenador argentino asumió en medio de un contexto complejo y, aun sin demasiado tiempo de trabajo, logró imprimirle una idea clara al equipo. Tras vencer a Junior en La Nueva Olla hace un par de semanas, el técnico había resaltado “el ADN” y la capacidad del plantel para sobreponerse a la adversidad, destacando el carácter mostrado por sus jugadores en juegos decisivos.
Ese espíritu competitivo volvió a aparecer en Colombia. Cerro entendió que la Libertadores no siempre premia al que juega más lindo, sino al que sabe sobrevivir. Y sobrevivió con personalidad.
Ratifica su condición de más ganador
Con el éxito en Cartagena, Cerro sumó su triunfo número 35 fuera de nuestras fronteras en Copas Libertadores, siendo el equipo paraguayo que más veces regresó del extranjero con los tres puntos en el bolso.
De larga tradición copera, el Azulgrana logró ganar en todos los países sudamericanos; lo hizo ocho veces en Venezuela, en cinco ocasiones en Brasil, Colombia, Chile y Perú, tres veces en Uruguay, un par en la Argentina, y una vez en Ecuador y Bolivia.
Auspicioso futuro
El panorama ahora se presenta claramente favorable para el conjunto paraguayo. Con siete puntos en cuatro partidos, el Azulgrana solo debe vencer a Sporting Cristal en la última fecha para asegurar su pase a la siguiente ronda, sin importar otros resultados. Incluso lo puede concretar empatando, de acuerdo al marcador que consiga el cuadro peruano ante Junior.
Este envidiable escenario le permite mirar a futuro con optimismo, sabiendo que depende de sí mismo y que llega fortalecido desde lo futbolístico y lo anímico.


