Durante un control de rutina, personal técnico del penal de Minga Guazú, detectó un termo de 1,2 litros que, a simple vista, no llamaba la atención, sin embargo, al ser inspeccionado con mayor detenimiento, se descubrió que el recipiente había sido acondicionado con un doble fondo, un método clásico para intentar burlar los controles de seguridad.
Al abrir el compartimento oculto, los agentes encontraron aproximadamente 30 gramos de un polvo y cerca de 100 mililitros de un líquido, ambas sustancias de origen aún no determinado. Ante la sospecha, se procedió a realizar una prueba de campo, conocida como prueba de fuego, sobre el polvo hallado, la cual arrojó resultado positivo. No obstante, las autoridades remarcaron que esta primera reacción no es concluyente y que se deberá esperar la confirmación definitiva mediante los estudios de laboratorio correspondientes.

Este episodio no solamente puso en evidencia el intento de ingreso de sustancias y objetos prohibidos al recinto penitenciario, sino que también, quedan expuestos los mecanismos de seguridad y revisión con los que cuenta la penitenciaría de Minga Guazú, catalogada como la cárcel de máxima seguridad.
Tras el hallazgo, se dio inicio a las averiguaciones de rigor para trazar el recorrido que tuvo del termo en el interior de la cárcel y sobre todo identificar a la persona responsable y determinar con precisión qué sustancias contenía, mientras tanto, el caso permanece bajo investigación mientras se aguardan los resultados de los análisis laboratoriales que confirmen qué sustancia contenía con exactitud.


