Aparentemente fue una promesa de fortuna la que terminó convertida en una trampa mortal hace unos días, en Itapúa; todo comenzó el miércoles 5 de agosto, cuando tres hombres oriundos del distrito de Juan E. O’Leary, del departamento de Alto Paraná, Arsenio Erico Cano González de 52 años, Justo Pastor Garcete Cano de 50 y Francisco Javier Cano González, de 45 años emprendieron viaje hacia Encarnación con la ilusión de cerrar un negocio millonario con la compra de oro.
Al llegar, se instalaron en una vivienda alquilada en Capitán Miranda y esa misma noche mantuvieron un primer contacto con los presuntos vendedores, dos ciudadanos españoles, sin embargo, la trampa se cerró al día siguiente, jueves 6 de agosto en el Parque privado El Paraíso. Allí, lejos de cerrarse la venta de oro, los tres hombres fueron reducidos a punta de revólveres calibre .38 milímetros y maniatados con cintillos plásticos, para luego los captores abrieron fuego contra los tres.
En seguimiento a este hecho, la investigación tuvo un nuevo avance en este domingo 9 de agosto, cuando la jueza penal Gilian Espínola firmó una orden de allanamiento que llevó a una comitiva fiscal-policial hasta un terreno baldío del barrio La Azotea, en el distrito de San Juan del Paraná, muy cerca de la vivienda donde fueron apresados los españoles y pasadas las 16:00 horas, los agentes de Investigaciones de la Policía Nacional, bajo la conducción de los fiscales Néstor Alonso y Rocío Valdez, hallaron el que sería el objeto central de la investigación; se trata de una bolsa de plástico negra que contenía nueve panes de un material blando, revestidos con papel aluminio de color dorado, y que a simple vista imitaban barras de oro.
Los investigadores presumen, de manera preliminar, que se trataría de simples panes de jabón utilizados como señuelo visual para simular el metal precioso durante las negociaciones, aunque el material exacto todavía deberá ser confirmado mediante pericias científicas, con este hallazgo, el Ministerio Público consolida su principal hipótesis, que la supuesta venta de oro no fue más que una fachada montada para atraer y despojar a los compradores y que en este caso derivó en la muerte de dos personas y dejó a una tercera al borde de correr la misma suerte.


