El dramático episodio se registró en un comedor de la ciudad de Concepción, donde Aníbal Cayetano Ramírez, de 45 años, tomó como rehén a María Liz Cañete Peralta, de 39 años, cajera del establecimiento, generando una crisis que obligó a despeegar un importante operativo policial. Desde los primeros minutos, las autoridades buscaron convencer al hombre a que liberara a la mujer, sin embargo, las conversaciones avanzaban en medio de pedidos cada vez más extraños y difíciles de comprender.
De acuerdo con los intervinientes, Ramírez afirmaba padecer enfermedades provocadas por supuestas radiaciones, también aseguraba ser víctima de torturas y manifestaba que poseía información que deseaba entregar al embajador de los Estados Unidos o incluso al presidente de la República. En ese sentido, los investigadores describieron sus expresiones como incoherentes y señalaron que, a medida que transcurría el tiempo, el hombre parecía perder contacto con la realidad.
Según relató el comisario Jorge Vidallet, jefe de Investigaciones del Departamento de Concepción, el captor llegó a manifestar que no reaccionaría violentamente, aunque al mismo tiempo advertía que en cualquier momento podía utilizar el cuchillo contra otra persona o incluso contra sí mismo. El momento más crítico llegó cuando las negociaciones parecían agotarse. En medio de la tensión acumulada durante horas, el agresor atacó a la cajera y le produjo una herida en uno de los brazos con el cuchillo.
El propio comisario Vidallet explicó posteriormente que reaccionó luego de que el hombre atentara contra la vida de la rehén y también intentara acabar con la suya. Como consecuencia, se efectuó un disparo que impactó en el agresor. Tras los disparos, el captor cayó gravemente herido y la mujer pudo finalmente ser liberada y aunque inicialmente no se confirmó oficialmente su fallecimiento, las autoridades señalaron que el hombre recibió lesiones de extrema gravedad.
Por su parte, el fiscal Pablo Zárate, sostuvo que durante toda la crisis existió un peligro real e inminente para la vida de la cajera, el representante del Ministerio Público calificó la actuación policial como un “uso racional de la fuerza”, argumentando que la víctima nunca dejó de estar expuesta al riesgo porque el atacante la mantuvo permanentemente sometida con el cuchillo apoyado en el cuello.








