Lo que comenzó como una silenciosa vulneración bancaria terminó destapando una de las redes de ciberdelincuencia más impactantes del año, que incluso, en solo tres días, una organización criminal logró vaciar una cuenta bancaria y desviar G. 9.000 millones, activando una investigación que derivó en el operativo Ícaro, un procedimiento que hasta ahora ya dejó ocho detenidos y más de 400 personas bajo sospecha.
De acuerdo a la investigación hecha por la Policía, la maniobra arrancó con el acceso indebido a una cuenta principal perteneciente a la víctima y desde allí, los delincuentes desplegaron un esquema delictivo: transfirieron el dinero a una extensa red de “mulas”, es decir, personas que facilitaron sus datos personales y cuentas corrientes para dispersar los fondos robados y dificultar el rastreo.
Según el informe presentado en una conferencia de prensa por agentes del Departamento de Delitos Económicos y Financieros, una vez fragmentado el dinero, la estructura lo reconvertía en criptoactivos utilizando plataformas digitales para borrar huellas y según explicaron, el gancho para captar operadores era tan simple como tentador, ya que ofrecían comprar criptomonedas a G. 13.000 cuando en el mercado cotizaban alrededor de G. 6.400, un sobreprecio calculado para atraer más participantes al circuito ilegal.
Líderes juveniles del esquema
La investigación reveló que detrás del esquema estaban jóvenes de entre 18 y 20 años, señalados como los cerebros de la organización. Para los investigadores, esa juventud inspiró el nombre del operativo: Ícaro. Pero lejos de actuar con discreción, los cabecillas exhibían señales evidentes de enriquecimiento: camionetas de alta gama, alquileres en departamentos costosos y un estilo de vida imposible de justificar para personas de su edad.
El comisario principal Diosnel Alarcón confirmó además que la red logró comprometer más de 1.900 cuentas entre billeteras virtuales y entidades financieras, expandiendo su radio de acción mucho más allá del caso inicial. Lo que comenzó en las primeras semanas del año fue escalando hasta dispararse en marzo, cuando la operatoria alcanzó su pico más agresivo.
Operativos para desarticular la red
Los allanamientos se concentraron inicialmente en Itapúa el pasado viernes 10 de abril, donde cayeron los primeros ocho detenidos, cuyas identidades se mantienen en reserva debido a la complejidad de la investigación; además, existen múltiples órdenes de captura pendientes sobre los demás implicados, más procedimientos en preparación y decenas de personas que comenzaron a presentarse voluntariamente ante el Ministerio Público al verse cercados por la investigación.
Responsabilidad de las “mulas financieras”
La fiscala Irma Llano fue tajante respecto a la responsabilidad de quienes prestaron sus cuentas bancarias, recordó que, al abrir una cuenta corriente, cada titular firma cláusulas que prohíben expresamente cederla a terceros, por lo que alegar desconocimiento no exime de culpa. Muchos de esos participantes, además, no solo facilitaron el movimiento del dinero, sino que cobraban comisiones por integrarse al engranaje criminal.










