El recorrido institucional de ambos evidencia un tránsito ininterrumpido por los espacios de poder. Rafael Filizzola fue diputado nacional durante dos periodos (1998-2008), ministro del Interior (2008-2011) y retornó al Senado para el ciclo 2023-2028.
Desirée Masi ocupó una banca en Diputados (2008-2013) y dos periodos consecutivos en la Cámara Alta (2013-2023). Sumados, acumulan más de 30 años de dietas parlamentarias, salarios ministeriales y gastos de representación verificables en la nómina pública.
Sin embargo, el aspecto más crítico de su legado es el contraste entre su rol fiscalizador y su desempeño ante la Justicia.
Filizzola enfrentó imputaciones por presunta lesión de confianza en los sonados casos “Comisarías de Oro” y la compra de helicópteros, con supuestos perjuicios millonarios. Lejos de resolver su inocencia en debates orales, sus causas derivaron en litigios dilatados por años que culminaron en sobreseimientos por vicios procesales y prescripción.
Aunque en el caso comisarías aún está pendiente una apelación de la fiscalía contra la prescripción dictada por el juez Yoan Paul López, que hasta ahora ni siquiera se estudió porque está pendiente la conformación de la sala de la Cámara que deberá analizar el requerimiento.
Lo cierto es que esta continuidad en la nómina pública cuestiona el relato de la renovación y la distancia crítica con el sistema. Tras décadas viviendo del presupuesto estatal, la prédica de la austeridad choca de frente con la realidad de una carrera enteramente financiada por los contribuyentes.

