Quedó probado en juicio que Eusebio Torres Romero, Fortunato Lorenzo Laspina y Manuel Crescencio Alcaraz, habían torturado a Domingo Guzmán Rolón entre los años 1976 y 1978 en el Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional. Los mismos, por sus edades avanzadas, cumplirán sus penas en sus respectivos domicilios.
El Tribunal de Sentencia, integrado por Fabián Escobar, Carlos Hermosilla y Juan Pablo Mendoza, condenó a Eusebio Torres y Fortunato Laspina a penas de 25 años de prisión, mientras que Manuel Alcaraz fue sentenciado a 20 años. Los expolicías de la dictadura estronista fueron hallados culpables de someter a torturas físicas y psicológicas a Domingo Guzmán Rolón, uno de los tantos presos políticos, hechos ocurridos entre los años 1976 y 1978, que fueron constatados en juicio.
Según el colegiado de sentencia, se tuvo por probado todas las pruebas ofrecidas por el Ministerio Público, representado por la fiscala Carina Sánchez, que los tres condenados participaron de las torturas recibidas por Guzmán Rolón, hoy ya fallecido, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la capital. A decir de la sentencia, la víctima sufrió torturas con garrote, látigo y otros objetos durante su detención entre los años 1976 y 1978.
A pedido del tribunal, los tres condenados deberán cumplir sus respectivas sentencias en sus domicilios, debido a la avanzada edad en la que se encuentran, con custodia permanente de la Policía Nacional.
“Quedó demostrada la participación de los tres acusados en diversas sesiones de tortura, en los momentos de su detención, con el fin de obtener información y su participación, no solo en las Ligas Agrarias, sino en otro movimiento subversivo llamado OPM (Organización Primero de Marzo)”, mencionó el presidente del Tribunal, el juez Fabián Escobar.
El mencionado magistrado explicó que la víctima de tortura ingresó al Departamento de Investigaciones el 2 de diciembre del 1976, proveniente de Formosa, donde fue capturado y además fue también torturado por no contar con documentación. Fue traído al Paraguay en el baúl de un vehículo y depositado en la mencionada dependencia policial estronista como detenido político, donde además siguió recibiendo vejámenes.
“También sufrió torturas en la pileta, que consistía en una inmersión que hacía de su cuerpo dentro de una tina que estaba llena de agua servida. Sufrió otros vejámenes como el hecho de no poder usar el baño, tener que hacer necesidades en el lugar, comer o alimentarse con comidas en estados de putrefacción”, mencionó el juez.

