Hoy, la exposición constante en redes sociales transforma el amor en un espectáculo y momentos que deberían ser íntimos se convierten en contenido para mostrar a los demás, y la intimidad se diluye en likes y comentarios. La psicóloga Manuela Zorraquín explicó que, para muchas parejas, ya no importa tanto sentirse bien como aparentarlo.
La relación se vuelve un producto que necesita propaganda, antes de dar un beso prenden la cámara o buscan un filtro. Manuela Zorraquín afirmó que, para algunos, los “likes” se convierten en una droga moderna y cuando la tranquilidad emocional depende de la aprobación de otros se instala un problema de dependencia disfrazado de interacción social.
Este fenómeno alimenta la comparación venenosa como ver parejas perfectas con viajes de película, desayunos impecables o fotos sonrientes en cada momento hace que la propia relación, con sus discusiones, cansancio y conflictos cotidianos, parezca insuficiente o menos que ideal.
La especialista agregó que mientras más intentamos mostrar felicidad, más nos alejamos de la comunicación real, y los conflictos que deberían resolverse cara a cara se posponen o se expresan de manera superficial, a través de mensajes o stickers que sustituyen la mirada, el tono de voz y la conversación profunda.
“Las señales de alerta son muy claras, se genera más tensión por un comentario en una foto que por un problema real de pareja, o ambos pueden estar cenando juntos mientras cada uno revisa su teléfono, ignorando al otro”, explicó Zorraquín.
“Si el celular se convierte en el protagonista de la cita, la pareja pasa a segundo plano. Ahí la relación empieza a perder conexión”, aseguró. Además, el exceso de exposición puede convertir momentos privados en obligaciones públicas, donde cada sonrisa, abrazo o palabra se mide por la reacción que generará en los demás.
Para proteger la relación, la especialista recomendó establecer límites claros, es fundamental acordar qué cosas pertenecen al mundo privado y qué se comparte. También es importante crear espacios “sin señal”, donde los celulares no existan y la pareja pueda conectarse sin interrupciones digitales. La privacidad es un derecho que protege la relación, no un secreto que se oculta.
Zorraquín señaló que recuperar la intimidad también implica pequeñas acciones cotidianas como mirarse a los ojos durante una conversación, abrazarse sin pensar en grabar el momento y decir “te amo” sin esperar que el resto valide ese sentimiento. Otro consejo práctico es evitar subir fotos o estados justo después de una discusión en lugar de eso, recomienda hablar primero y resolver el conflicto sin la presión de los espectadores digitales.
Zorraquín agregó que el romance no muere, solo se esconde donde no entra la cámara. La esencia del amor se mantiene en la privacidad, en la mirada compartida y en los momentos que no requieren aprobación externa. Es allí donde se construye la confianza, la cercanía y la verdadera felicidad en pareja, la tecnología puede ser una herramienta, pero no debe reemplazar la comunicación real ni el contacto emocional profundo, que son los pilares que sostienen cualquier relación duradera.


