Cuando la ingesta calórica es menor que el gasto energético, el organismo entra en un estado de déficit calórico. Según la especialista, el déficit calórico no implica dejar de comer ni eliminar grupos de alimentos, sino organizar la alimentación de manera consciente y equilibrada. Este enfoque prioriza la calidad de los alimentos, el tamaño de las porciones y la distribución adecuada de las comidas a lo largo del día. De esta forma, el cuerpo recibe los nutrientes necesarios para funcionar correctamente, aun cuando el consumo total de calorías es menor.
Beneficios
El déficit calórico favorece la pérdida de peso de manera gradual, porque al consumir menos calorías de las que el cuerpo gasta diariamente el organismo utiliza sus reservas energéticas para obtener energía. Estas reservas corresponden principalmente a la grasa acumulada, lo que favorece el descenso de peso de forma progresiva y controlada.
La especialista señaló que este estilo de alimentación mejora la salud metabólica, reduce el porcentaje de grasa corporal y contribuye a normalizar los niveles de glucosa, colesterol y otros parámetros, y, además, al acompañarse de una alimentación equilibrada se evitan déficits nutricionales.
Comentó que en cuanto a la composición corporal, el déficit calórico contribuye a utilizar las reservas de grasa acumuladas como fuente de energía, lo que disminuye el peso corporal. Al mismo tiempo, al combinar una alimentación baja en calorías, con la práctica regular de actividad física, se mantiene un equilibrio adecuado entre la masa magra y la masa grasa.
El déficit calórico también ayuda a generar hábitos alimentarios más saludables. La nutricionista subrayó que no solo mejora y previene el sobrepeso y la obesidad, sino que también modifica los hábitos alimentarios mediante la educación nutricional, un aspecto fundamental para lograr un estilo de vida sostenible con el tiempo.
El déficit calórico tiene un impacto positivo en los niveles de energía cuando se realiza correctamente, al alcanzar un balance energético adecuado, el cuerpo cubre sus necesidades funcionales, mejora la salud física y mental, reduciendo el riesgo de enfermedades crónicas y trastornos del comportamiento alimentario.
Ramírez sostuvo que el déficit calórico se considera una estrategia más sostenible que las dietas restrictivas. Mientras estas tienden a limitar o eliminar alimentos y generan frustración, ansiedad, efecto rebote o pérdida de masa muscular, el déficit calórico reduce estos riesgos y favorece una relación más saludable con la comida.



