La expansión acelerada de la inteligencia artificial generativa está redefiniendo la forma en que se construyen la identidad, la estética y la credibilidad en el entorno digital. Anna Lagos, periodista mexicana especializada en inteligencia artificial, dice que la saturación de imágenes perfectas está provocando un giro cultural en el que lo imperfecto comienza a funcionar como garantía de autenticidad.
Hoy circula un volumen inédito de contenido sintético, generado de manera casi ilimitada por herramientas de inteligencia artificial, explicó Anna Lagos. Fotografías, videos y piezas visuales alcanzaron un nivel de sofisticación tal que, en muchos casos, resultan indistinguibles de la realidad. Esta situación difumina la frontera entre lo real y lo artificial, y genera una sensación de homogeneidad que termina por desgastar la experiencia de consumo en redes sociales.
Según Lagos, distintos estudios estiman que una parte significativa de las imágenes que circulan actualmente en plataformas digitales ya fueron creadas con inteligencia artificial. Este escenario explica por qué muchas personas perciben que “todo se parece” y por qué empieza a valorarse aquello que no luce perfecto. En este contexto, sostiene que hoy importa menos que algo se vea bello y más que se sienta auténtico y conecte con una experiencia real.
Comentó que en este nuevo paradigma, la ventaja ya no está en parecer auténtico, sino en crear aquello que la inteligencia artificial todavía no puede copiar. “Las experiencias personales, los relatos propios y las historias atravesadas por vivencias concretas adquieren mayor relevancia frente a producciones visuales impecables, pero vacías. La estética tradicional asociada a lo pulido y cuidadosamente curado comienza así a perder valor, aunque se trate de un proceso gradual”, reiteró.
Lagos señaló que el verdadero cambio no pasa solo por la forma del contenido, sino por su proveniencia. Destacó que la pregunta central deja de ser cómo se ve algo para centrarse en quién lo dice, desde dónde y por qué debería creerse. En un entorno donde cualquiera puede generar imágenes visualmente impactantes con herramientas accesibles, la credibilidad del emisor se convierte en el principal diferencial.
En cuanto a los rasgos humanos más difíciles de replicar, la periodista destaca el error como un nuevo marcador de humanidad. El audio imperfecto, la imagen movida, lo inacabado o lo incómodo empiezan a funcionar como señales de lo real, frente a una tecnología capaz de producir de manera infinita, la imperfección aparece como una prueba de existencia.
Este fenómeno también plantea riesgos en términos de diversidad. Lagos advierte que gran parte de las tecnologías de inteligencia artificial se desarrollan desde el norte global y reproducen sesgos vinculados al género, la raza y el contexto socioeconómico. Como consecuencia, existe el riesgo de homogeneizar rostros, cuerpos y estilos, reforzando desigualdades ya existentes si no se impulsa el desarrollo tecnológico desde otras regiones.
Para la periodista, la inteligencia artificial no debe entenderse únicamente como una amenaza. También abre nuevas posibilidades creativas, siempre que se utilice con criterio y responsabilidad. El desafío actual está en sostener la originalidad, la identidad y la credibilidad humana en un ecosistema digital donde lo perfecto dejó de ser sinónimo de verdadero.



