Hace dos décadas dejó el país en busca de oportunidades y hoy convirtió la nostalgia en proyecto. Desde España, la paraguaya Olga Núñez construyó un espacio gastronómico que mantiene vivas las tradiciones, genera trabajo para compatriotas y funciona como punto de encuentro para quienes extrañan su tierra.
Hace 20 años tomó la decisión de emigrar a España, empujada por una realidad que le cerraba puertas en Paraguay. Vivía en el campo y continuar sus estudios universitarios resultaba imposible por la distancia, la falta de transporte y las condiciones de entonces. Así comenzó un camino marcado por la incertidumbre, el desarraigo y la necesidad de empezar desde cero en un país completamente distinto.
Los primeros meses no fueron fáciles, pues la adaptación estuvo atravesada por la tristeza, la soledad y la distancia familiar. Núñez al llegar se dedicaba a trabajar de interna, con poco tiempo libre y sin las herramientas de comunicación que hoy acortan kilómetros. Extrañaba a sus padres, a sus amigos y a su pueblo, una ausencia que todavía hoy se siente, aunque aprendió a convivir con ella.
Con el tiempo, la vida en España también le mostró otras posibilidades; hoy valora la organización, el respeto por los horarios y las oportunidades que se abren con esfuerzo, aunque reconoce que la distancia emocional pesa más de lo que uno imagina. “Vivir fuera transformó mi identidad, no para perderla, sino para reforzarla. Estar lejos me hizo más consciente de mis raíces”, resaltó.
Ese proceso personal derivó en un proyecto que hoy es parte de su historia: hace diez años abrió en Madrid el restaurante “Un Trocito de Mi País”, un espacio creado pensando en Paraguay y en todo lo que extrañaba de su tierra. Allí se ofrecen comidas tradicionales paraguayas y, sobre todo, un lugar donde los compatriotas puedan sentirse como en casa. Actualmente, ocho paraguayos trabajan en el local, que también funciona como una oportunidad laboral para quienes llegan al país en busca de un nuevo comienzo.
El vínculo con otros paraguayos y latinoamericanos en el exterior es fuerte y necesario. Comparten experiencias similares, se acompañan y encuentran en esas reuniones una forma de acercarse a casa. Hoy, además, la familia está más cerca que antes, ya que cinco hermanos viven en España y mantienen el lazo con Paraguay a través de visitas alternadas y comunicación constante.
Mirando hacia atrás, reconoce que emigrar la hizo más fuerte. Aprendió a adaptarse, a perseverar y a no rendirse en los momentos difíciles. Aunque su proyecto de vida hoy está en España, Paraguay sigue ocupando un lugar central en su corazón. A quienes piensan en emigrar les deja un mensaje claro: no es un camino fácil, pero tampoco imposible. Con esfuerzo, constancia y sin olvidar las raíces, los sueños pueden encontrar su lugar, incluso lejos de casa.



