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De la pirámide a la comida real, cómo cambian las nuevas guías alimentarias

Las nuevas guías alimentarias de Estados Unidos proponen un cambio de enfoque que deja atrás los esquemas rígidos y pone el acento en la calidad de l…

| Por La Tribuna
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Según la nueva pirámide, se priorizan los alimentos mínimamente procesados.

Las nuevas guías alimentarias de Estados Unidos proponen un cambio de enfoque que deja atrás los esquemas rígidos y pone el acento en la calidad de los alimentos. La nutricionista Liz Domínguez analizó este giro y explicó por qué la comida real gana protagonismo frente a los ultraprocesados.

Durante décadas, la educación nutricional se apoyó en modelos estructurados como la pirámide alimentaria, que indica qué comer y en qué cantidad, con los cereales como base central de la dieta. Domínguez señaló que ese esquema, centrado en contar porciones y respetar jerarquías fijas, comienza a quedar desactualizado frente a nuevas evidencias científicas.

La especialista explicó que las guías actuales ya no ponen el foco principal en la cantidad ni en una división estricta de grupos alimentarios, sino en la calidad de lo que se consume. En ese sentido, indicó que se priorizan los alimentos mínimamente procesados, aquellos que conservan su forma original y aportan nutrientes reales, por encima de productos industrializados.

Según Domínguez, proteínas de buena calidad, grasas saludables, frutas y verduras ocupan hoy un lugar central, mientras que los ultraprocesados quedan relegados debido a su alto contenido de azúcares añadidos, sodio y grasas de baja calidad. Aclaró que este cambio no responde a una tendencia pasajera, sino a años de estudios que asocian el consumo habitual de estos productos con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e inflamación crónica.

La nutricionista destacó que los alimentos reales no solo aportan más micronutrientes, sino que también mejoran la saciedad y ayudan a regular el apetito, favoreciendo un mejor control metabólico. “Las proteínas adquieren un rol clave, ya que no solo se vinculan al desarrollo muscular, sino también a la salud a largo plazo”, acotó.

Domínguez explicó que se deja atrás el temor generalizado que predominó durante años y se comienza a diferenciar su calidad. “Grasas como el aceite de oliva, el aguacate, los frutos secos y las semillas son reconocidas como aliadas de la salud cuando se consumen de manera equilibrada”, resaltó.

La especialista consideró que si estas recomendaciones se comunican con claridad y se aplican de forma correcta, pueden generar un impacto positivo a largo plazo, promoviendo una menor dependencia de productos ultraprocesados y una relación más equilibrada con la comida. No obstante, advirtió que las pautas deben individualizarse, ya que no todas las personas tienen las mismas necesidades ni responden igual a los mismos alimentos.

En el contexto local, Domínguez subrayó la importancia de la adaptación cultural. Señaló que no se trata de copiar modelos extranjeros, sino de aplicar sus principios a la realidad del país. Paraguay, afirmó, cuenta con alimentos frescos y de calidad, como frutas, verduras, huevos, legumbres, carnes y preparaciones tradicionales, que pueden formar parte de una alimentación saludable si se ajustan las porciones y los métodos de cocción.

Dijo que la alimentación saludable no debe ser elitista ni compleja, sino posible y sostenible. En ese proceso, la educación nutricional cumple un rol central, ya que permite comprender los cambios, dejar atrás conceptos obsoletos y adoptar nuevas recomendaciones como parte de un estilo de vida, y no como una obligación momentánea.

Liz Domínguez, nutricionista.
Liz Domínguez, nutricionista.

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