A pesar de los avances en la conversación pública sobre salud mental, todavía persisten creencias y prejuicios que hacen que muchas personas duden en buscar ayuda profesional. Estos mitos influyen en cómo se percibe la terapia psicológica y en el modo en que se transita el malestar emocional. La psicóloga Luana Acosta explicó cuáles son algunas de ellas y cómo lidiar con estas.
En ese contexto, la psicóloga Luana Acosta explicó que la decisión de acudir a un profesional de la salud mental está atravesada por factores socioculturales muy arraigados. Entre ellos, se mantiene la idea de que ir al psicólogo es una señal de debilidad, un fracaso personal o la prueba de que algo “no está bien”, además de la creencia de que solo las personas “locas” necesitan terapia. Si bien reconoce avances en la toma de conciencia, sostiene que el proceso aún es lento y que la salud mental recién comienza a ser valorada al mismo nivel que la salud física.
Estas creencias parten, en gran medida, de la idea de que las personas deben poder con todo solas y que expresar el dolor emocional es exagerar, explicó. Como consecuencia, muchas personas soportan durante años situaciones de estrés, duelos, ansiedad o violencia emocional, hasta que el cuerpo o la mente ya no resisten. Este conjunto de mitos funciona como una barrera que lleva a minimizar el malestar y a postergar la consulta profesional.
Acosta resaltó que la terapia no es un espacio al que se acude cuando “todo está perdido”, sino una herramienta de prevención. En la vida cotidiana se atraviesan constantemente pequeñas pérdidas, frustraciones y cambios que, al acumularse, generan un desgaste emocional importante. Por eso, asisten a la consulta psicológica personas que trabajan, estudian y cumplen con sus responsabilidades, pero que identifican que internamente algo no está funcionando del todo.
Entre los principales beneficios de la terapia preventiva se destaca la posibilidad de salir del “modo supervivencia”. La especialista aconseja que el espacio terapéutico permite aprender a poner límites, manejar el estrés, la culpa y comenzar a escucharse. Muchas veces se sabe escuchar a los demás, pero no a uno mismo, lo que dificulta reconocer necesidades, emociones y malestares.
Por otro lado, ir al psicólogo no implica generar dependencia ni recurrir automáticamente a la medicación. “La psicología no medica; solo cuando es necesario se realiza un trabajo conjunto con profesionales de la psiquiatría. El objetivo de la terapia es promover la autonomía, brindando herramientas para que la persona pueda afrontar futuras situaciones de manera más saludable”, acotó.
Finalmente, el miedo o la vergüenza de asistir a terapia sigue estando ligado al prejuicio y al juicio social. Superar esa barrera implica comprender que cuidar la salud mental no es motivo de vergüenza y que normalizar el sufrimiento sí lo es. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una forma de hacerse responsable del propio bienestar.



