El interés por las terapias térmicas, como el sauna o la inmersión en agua fría, crece impulsado por tendencias vinculadas al autocuidado y la recuperación física. Sin embargo, el fisioterapeuta Diego Ramírez señaló que su aplicación debe responder a un objetivo claro y a la condición de salud de cada persona, ya que no se trata de prácticas universales ni inocuas.
En el caso del calor, Ramírez indicó que la termoterapia se utiliza principalmente para relajar músculos y tendones, mejorar la circulación y favorecer procesos de recuperación. El aumento de temperatura provoca vasodilatación, lo que estimula el flujo sanguíneo y linfático, facilitando la eliminación de desechos metabólicos y el aporte de nutrientes al organismo. Además, la sudoración generada durante el sauna contribuye a la limpieza de los poros y a una mejora visible en el aspecto de la piel.
No obstante, advirtió que el calor no está indicado en todos los casos. Personas con problemas cardiovasculares, inflamaciones agudas o determinadas patologías deben evitar su uso o hacerlo solo bajo indicación profesional, ya que una exposición inadecuada puede generar efectos contraproducentes.
En cuanto a la terapia de frío, conocida como crioterapia, explicó que su principal función es reducir la inflamación y aliviar el dolor, especialmente después de lesiones, golpes o sobrecargas musculares. El frío actúa como vasoconstrictor, disminuyendo el flujo sanguíneo en la zona tratada y ayudando a controlar la respuesta inflamatoria.
Ramírez precisó que el tiempo de exposición es un factor clave. Para aplicaciones localizadas, recomendó no superar los 10 minutos, mientras que en inmersiones completas en agua fría o con hielo el límite sugerido es de hasta 5 minutos. Exceder estos tiempos puede generar reacciones adversas y no mejora los resultados terapéuticos.
Desde el punto de vista emocional, el profesional señaló que tanto el calor como el frío pueden generar una sensación de bienestar, ya que estimulan la liberación de endorfinas y otros neurotransmisores asociados al alivio del estrés. Esta respuesta explica por qué muchas personas refieren calma o relajación tras estas prácticas, aunque aclaró que ese efecto no reemplaza tratamientos médicos ni psicológicos.
Remarcó que el uso del sauna y los baños de agua fría puede ser beneficioso cuando se aplica de forma adecuada, con información y criterio. “No se trata de seguir una moda, sino de entender qué necesita el cuerpo y en qué momento”, subrayó, insistiendo en la importancia de la orientación profesional para evitar riesgos y lograr un verdadero beneficio para la salud.




