La colorimetría va más allá de una elección estética. Según explica la asesora de imagen Judit Cabrera, el color influye en cómo nos sentimos, en lo que proyectamos y en los mensajes que comunicamos. Comprender esta herramienta permite vestir con mayor conciencia.
Hablar de colorimetría es adentrarse en un universo donde la imagen se construye desde la emoción y la intención. Judit Cabrera señala que los colores no solo decoran, sino que comunican sensaciones y generan impacto en la percepción propia y ajena. Desde la psicología del color, cada tonalidad despierta asociaciones que influyen en la manera en que somos leídos socialmente.
Al momento de elegir la ropa, la colorimetría se vuelve una aliada clave, ya que permite comprender cómo los colores interactúan con la piel, el rostro y la energía personal. Algunos tonos iluminan y suavizan los rasgos, mientras que otros pueden endurecer la expresión o restarle vitalidad. Esta elección, explica Cabrera, no responde solo a la estética, sino también al mensaje que se desea transmitir.
Identificar si una tez es cálida, fría o neutra constituye uno de los primeros pasos. Si bien existen pruebas orientativas que pueden realizarse bajo luz natural, la asesora recomienda acudir a un análisis profesional, ya que intervienen otros factores como la intensidad, el contraste y la personalidad. La colorimetría es un proceso gradual, profundo y totalmente personalizado.
Entre los errores más comunes, Cabrera menciona la elección de colores únicamente por tendencia, sin considerar su efecto sobre la piel o el contexto social y profesional. “El color, utilizado sin criterio, puede generar una imagen cansada o poco coherente. En cambio, cuando se usa de manera estratégica, se transforma en una herramienta de comunicación poderosa, tal como ocurre en figuras públicas que emplean el color para transmitir autoridad, cercanía o liderazgo”, resaltó.
Lejos de limitar, la colorimetría busca equilibrio. No prohíbe colores, sino que enseña a adaptarlos a través de combinaciones, cortes, telas o ubicándolos lejos del rostro. De este modo, el color se convierte en un recurso consciente que potencia la imagen, refuerza la identidad y brinda mayor seguridad en la vida cotidiana y profesional.
Cabrera aclaró que la colorimetría no es una jaula, sino una guía que permite comunicar con intención, autenticidad y coherencia, entendiendo que el color también habla por nosotros.


