Tras las vacaciones, muchas personas experimentan malestar, irritabilidad o desmotivación al retomar las obligaciones diarias. Lejos de ser una debilidad, se trata de un proceso de adaptación del cerebro y del sistema emocional ante un cambio abrupto de ritmo.
El retorno a la rutina después de un período de descanso suele estar acompañado de una sensación de incomodidad general, una respuesta emocional y neurológica esperable. Durante las vacaciones, el cerebro funciona en un estado de menor alerta, con mayor flexibilidad y una percepción del tiempo más laxa. Volver de forma repentina a las exigencias cotidianas implica activar nuevamente el “modo productividad”, lo que demanda atención, planificación y regulación emocional en poco tiempo.
Para facilitar el retorno, la psicóloga Noelia Castillo recomienda no saturar el último día de descanso y planificar una vuelta gradual, con prioridades claras. Una vez retomada la rutina, sugiere comenzar con tareas simples, respetar pausas y ajustar las expectativas, ya que el rendimiento no se recupera de inmediato.
Resaltó que un aspecto central es revisar el “piloto automático” de exigencias que suele reactivarse con el regreso. Esto implica distinguir qué responsabilidades son realmente necesarias y cuáles pueden flexibilizarse, aprendiendo a poner límites y a decir “no” sin culpa para resguardar espacios personales.
Aclaró que lejos de ser un obstáculo, la ansiedad posterior al descanso puede funcionar como una señal reveladora. La profesional comentó que esta sensación suele exponer necesidades postergadas, ritmos de vida poco sostenibles o deseos de cambio. Escucharla permite integrar algo de la calma y el disfrute de las vacaciones en la rutina diaria. Así, volver deja de ser solo retomar obligaciones y se convierte en una oportunidad para repensar cómo se quiere vivir, regulando el estrés con mayor conciencia y equilibrio.


