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Elegir desde la herida: cómo la infancia marca la forma de amar

Las experiencias de violencia o carencias emocionales en la infancia pueden influir de manera decisiva en la elección de pareja en la adultez. La psi…

| Por La Tribuna
Es frecuente que quienes crecieron en ambientes caóticos confundan maltrato, control o intensidad con amor.

Las experiencias de violencia o carencias emocionales en la infancia pueden influir de manera decisiva en la elección de pareja en la adultez. La psicóloga Norma Silverio explicó cómo se construyen estos patrones y por qué es posible transformarlos con acompañamiento profesional.

Las vivencias tempranas no quedan archivadas en el pasado. Se convierten en modelos internos que guían la manera de vincularse en la adultez. Según explicó la psicóloga Norma Silverio, las experiencias de violencia, negligencia o carencias afectivas durante la infancia ejercen un profundo impacto en la forma en que los individuos se vinculan.

Silverio aclaró que no se trata de una elección consciente orientada al sufrimiento. “No hablamos de gusto por el dolor ni de una decisión racional de repetir lo dañino. Son aprendizajes tempranos que funcionan como guías automáticas de vinculación”, señaló.

Por eso, muchas personas repiten vínculos que les hacen daño aun cuando racionalmente saben que no les convienen. La especialista explicó que existe una desconexión entre cognición y emoción. “Los patrones de apego y las memorias emocionales activan respuestas automáticas antes que la reflexión consciente”, indicó.

El concepto de amor también se construye en la infancia, cuando se crece en un entorno violento o emocionalmente inestable, el afecto puede asociarse a la imprevisibilidad, al control o al maltrato. “En esos contextos se aprende que el amor puede ser condicional o estar ligado al caos”, explicó Silverio. Esto puede derivar en la confusión entre intensidad emocional y afecto genuino, es frecuente que quienes crecieron en ambientes caóticos confundan maltrato, control o intensidad con amor. “No es una elección consciente, es un patrón aprendido”, sostuvo.

Entre las señales que indican que una elección de pareja puede estar basada en heridas no resueltas, la psicóloga mencionó la repetición de dinámicas familiares disfuncionales, la tolerancia a conductas dañinas, la dificultad para establecer límites y el conflicto constante entre razón y emoción. “La atracción por relaciones altamente intensas o impredecibles suele estar vinculada a esquemas de apego inseguro y a la familiaridad emocional, aunque esa familiaridad sea dañina”, afirmó.

El miedo al abandono y la baja autoestima cumplen un rol central en la permanencia dentro de vínculos nocivos. “El miedo al abandono aumenta la tolerancia al maltrato, y la baja autoestima condiciona la percepción de valía personal a la permanencia en la relación”, explicó. Ambos factores se retroalimentan y dificultan la toma de decisiones orientadas al bienestar.

Otro fenómeno frecuente es la hipervigilancia emocional. “Se manifiesta en la revisión constante de señales, celos, sobreactivación emocional y dificultad para relajarse dentro de la relación”, detalló Silverio. La persona permanece en estado de alerta, como si anticipara una amenaza permanente, replicando el entorno de inseguridad vivido en la infancia.

Sin embargo, la especialista subrayó que estos patrones pueden modificarse. “Es posible romperlos mediante conciencia, trabajo en autoestima, reestructuración de esquemas y aprendizaje de límites”, indicó.

El acompañamiento terapéutico ofrece un espacio seguro para explorar la historia personal y resignificarla. La terapia no solo trata síntomas, es un proceso de reeducación emocional y cognitiva. Permite transformar la herida en conocimiento y capacidad de elección, sostuvo.

Comprender el origen de las elecciones afectivas no implica justificar el dolor, sino abrir la puerta al cambio. “Muchas de las decisiones que tomamos en la adultez están influenciadas por experiencias tempranas que alguna vez fueron adaptativas. Pero hoy podemos elegir desde el bienestar y no desde el miedo”, concluyó Silverio.

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