San Bernardino fue escenario de otra edición del esperado evento Casa Corona, que una vez más logró congregar a un numeroso público en el marco de una fiesta natural. Las condiciones climáticas, con una suave brisa nocturna, acompañaron la velada y permitieron a los asistentes disfrutar de una propuesta que fusiona espectáculo y entorno.
El icónico Templo del Sol, situado sobre la avenida Tucanguá, funcionó como recinto principal, aprovechando su arquitectura integrada a la formación rocosa. Una programación musical se sincronizó deliberadamente con el amanecer, transformando el cambio de luz en un componente central de la experiencia.
El público adaptó su vestimenta al clima con una paleta de colores que destacó tonos vibrantes y cálidos, como el naranja y el amarillo, y tonos fríos, como el azul. Con telas con brillo, en especial el satín, fueron una elección recurrente en vestidos y conjuntos, aportando un toque de sofisticación bajo las luces del escenario y el crepúsculo.
Los peinados siguieron tres corrientes: recogidos altos y desenfadados, que realzan el rostro y los accesorios; medias colas, que mantenían el cabello controlado, pero con movimiento; y estilos sueltos con ondas naturales, las que fluían con la brisa.








