La Semana de la Alta Costura de París volvió a reunir a las casas más influyentes del sector, con desfiles que combinaron tradición artesanal, lujo extremo y nuevas lecturas del diseño contemporáneo para la temporada 2026.
En esta edición, las principales casas apostaron por colecciones que pusieron en valor el trabajo manual, las siluetas sofisticadas y una narrativa estética que dialoga con el presente sin perder identidad.
Elie Saab presentó una propuesta marcada por la opulencia y el romanticismo, con vestidos de líneas fluidas, bordados minuciosos y una paleta que reforzó su sello característico. La colección destacó por su visión femenina y su dominio de las técnicas artesanales que definen a la maison.
Valentino, en tanto, exploró una costura más conceptual, con piezas que jugaron con el volumen, las capas y una estética que combinó dramatismo y refinamiento. La propuesta reforzó la idea de la alta costura como un espacio de experimentación creativa, sin desligarse de la elegancia que identifica a la firma.
Armani Privé mantuvo su línea sobria y depurada, apostando por siluetas limpias, colores profundos y un lujo contenido. La colección reflejó la continuidad del ADN de la casa, centrado en la precisión, el equilibrio y la sofisticación atemporal.
Así también, históricos joyeros como Chaumet y Cartier han aprovechado, como es tradición, la semana de la alta costura de París, para revelar igualmente sus novedades. Oro blanco o rosa y diamantes continúan como la combinación perfecta.
Más allá de las diferencias estilísticas, esta edición dejó en claro que la alta costura sigue siendo un territorio donde el diseño se piensa como arte, donde cada prenda responde a una visión y a un oficio que trasciende las tendencias inmediatas. París volvió a confirmar su rol como capital creativa, en una semana que celebró la excelencia, la identidad y la permanencia del lujo hecho a mano.


