Salud

Cómo formar hábitos sanos que se mantengan a futuro

Para muchas familias, la hora de comer se vuelve tensión, ya que se inicia con negociaciones, premios y termina con regaños. El problema no es solo e…

| Por La Tribuna
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Para muchas familias, la hora de comer se vuelve tensión, ya que se inicia con negociaciones, premios y termina con regaños. El problema no es solo el menú del día, sino la alimentación, que durante la infancia construye el crecimiento físico, el desarrollo cerebral y la relación emocional con la comida. Si esa relación se vuelve negativa, el impacto puede acompañar al niño hasta la adultez.

Poco alimento, pocos nutrientes y demasiada presión

Una dieta variada favorece a la piel, los dientes y ojos sanos, fortalece músculos y huesos, ayuda a mantener un peso adecuado, impulsa el desarrollo del cerebro y el crecimiento, refuerza el sistema inmune y mejora la digestión. Cuando el niño vive a base de opciones limitadas, ultraprocesados o bebidas azucaradas, el riesgo es doble, ya que este hábito se fija a temprana edad y deriva en un déficit de nutrientes.

En el condado de San Diego (California - USA), solo 26–27% de los niños de 2 a 17 años consume cinco o más porciones diarias de frutas y verduras. En paralelo, es común que entre los 2 y 6 años aparezca la neofobia alimentaria, que se trata del miedo a probar alimentos nuevos, un olor, textura o color puede disparar rechazo. En esta etapa, forzar suele ser peor.

Además de la selectividad habitual, existe el trastorno de alimentación restrictivo o selectivo. Se caracteriza por una dieta muy limitada, poco interés por comer o temor a consecuencias como atragantarse o vomitar, y puede incluir reacciones intensas a texturas, sabores u olores. Suele empezar temprano y es más frecuente en varones. Puede causar escaso crecimiento y mala nutrición, e interferir con la escuela, la familia y la vida social.

Las consecuencias pueden ser serias, que van desde déficits de vitaminas, minerales y proteínas, y, por ende, el retraso del crecimiento; pubertad tardía, mareos o desmayos por hipotensión, pulso lento, deshidratación, debilitamiento de huesos (osteoporosis) y músculos; y, en adolescentes, amenorrea. En casos graves, puede requerir suplementos, fórmulas nutritivas o alimentación por sonda.

Cómo impacta en la vida adulta

La infancia es el periodo donde se forman preferencias y rutinas. Si el niño aprende que comer es “soportar” o “ganar algo a cambio”, es más probable que, de adulto, le cueste sostener una alimentación equilibrada, y que use la comida para gestionar estrés o ansiedad. También puede arrastrar una relación con el cuerpo marcada por culpa o miedo, y una autoestima golpeada por años de críticas o comparaciones en la mesa.

Cómo ganar la batalla:

  1. Modelo y entorno: los niños copian. En casa, priorice verduras, frutas y granos integrales; proteínas magras (pollo, pescado, lentejas, porotos) y lácteos bajos en grasa. Tenga opciones saludables disponibles y limite la compra de snacks azucarados. Para beber, agua primero y restricción de gaseosas, bebidas deportivas y jugos.
  2. Rutina y porciones: programe comidas y colaciones regulares. Muchos rechazos se explican por exceso de refrigerios. Sirva raciones pequeñas acordes a la edad y ofrezca repetir si pide más.
  3. Mesa sin pantallas: reduzca distracciones. Unicef recomienda un máximo de una hora diaria de pantalla en niños de 2 a 4 años y al menos 60 minutos diarios de actividad física. Mejor sueño y más movimiento suelen traducirse en mejor apetito y ánimo.
  4. Presentar sin imponer: evite “¡termina tu plato!” y no fuerce. Ofrezca alimentos nuevos junto a los conocidos, en pequeñas cantidades, y repita la exposición sin presión. Juegue con la presentación y dé elecciones acotadas (por ejemplo, elegir entre dos verduras).
  5. Recompensas inteligentes: no use la comida como premio o castigo. Si se reconoce un esfuerzo, que sea con tiempo en familia o una actividad. Mantenga un clima tranquilo: celebrar aproximaciones y minimizar rechazos funciona mejor que entrar en guerra.

Cuándo pedir ayuda

Consulte al pediatra si hay pérdida de peso o estancamiento, arcadas o vómitos frecuentes, ansiedad intensa frente a la comida o restricción que afecta la vida diaria. En el trastorno restrictivo/selectivo, el abordaje suele ser con un equipo, médico, nutricionista/dietista y terapeuta especializado.

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