Cerebro en forma con alimentos al alcance

Alimentos y suplementos que pueden mejorar la salud del cerebro

| Por La Tribuna
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Brain with various food products. Healthy foodCreative setup with a brain half and avocado, broccoli, fish, on green background.

Prebióticos diarios. Son fibras que alimentan a las bacterias amigas. El libro sugiere proponerse 12 g al día y ofrece una lista de fuentes muy accesibles: ajo, cebolla (cruda y cocida), espárragos, raíz de achicoria, tupinambo (alcachofa de Jerusalén o topinambur) y hojas de diente de león. Estos prebióticos mejoran la absorción de minerales, disminuyen marcadores de inflamación y ayudan a regular el apetito.

Fermentados cotidianos. Yogur, kéfir, kimchi, chucrut y encurtidos aportan probióticos naturales. El plan de 7 días del libro muestra cómo incorporarlos en desayunos sencillos (huevo con yogur o kéfir) y en almuerzos/cenas con carne o pescado más ensalada y una guarnición fermentada.

Cinco especies probióticas “núcleo”. Al elegir un probiótico comercial, buscá etiquetas con Lactobacillus plantarum, L. acidophilus, L. brevis, Bifidobacterium lactis y B. longum; este grupo ayuda a reforzar la barrera intestinal, disminuir LPS (molécula inflamatoria) y aumentar FNDC, vinculada con la plasticidad cerebral.

Grasas y harinas inteligentes. Cociná con aceite de oliva o de coco y mantequilla; evitá aceites muy procesados. Si necesitás harinas, el autor sugiere alternativas como harina de coco, harinas de nueces y linaza, y moderar trigo y azúcar.

Agua filtrada. Usar filtro (de jarra o bajo mesada) ayuda a reducir cloro y otros compuestos que perjudican a probióticos y microébiota. Manten el filtro según indicaciones del fabricante.

Opciones económicas con omega-3. Si no comprás cápsulas, sumá pescados de agua fría en lata (sardina, caballa, atún) y frutos secos. El DHA es clave en membranas neuronales; el libro recomienda 1.000 mg/día si vas a suplementar (pescado o algas). Consultá a tu médico si tenés condiciones previas.

Menú tipo del método. Verduras, pescado/carne/aves, frutos secos y huevo en abundancia; aprender a combinar fermentados y ensaladas te permite cumplir la meta de prebióticos sin gastar de más. El plan de siete días ofrece ideas de platos y tentempiés sencillos.

Mensaje clave: con alimentos comunes, agua filtrada y pequeñas decisiones diarias podés crear un entorno intestinal que favorezca a tu cerebro. Si querés ir más allá, el mismo libro propone una semana de “reset” para incorporar estos hábitos paso a paso.

Tip de ciencia y bolsillo. Al fermentar prebióticos, tus bacterias producen ácidos grasos de cadena corta (como butirato) que nutren el intestino, mejoran la absorción de minerales y bajan el pH, limitando patógenos; un intestino más estable envía menos señal inflamatoria al cerebro.

Cómo repartir los 12 g. El libro propone alcanzar esa meta a diario y dividirla en dos tomas: por ejemplo, hojas de diente de león al mediodía y ajo/cebolla/espárragos en la cena, para que los probióticos prosperen.

Ideas rápidas y baratas. Desayuno: yogur con fruta y un huevo. Almuerzo: atún o sardina con ensalada. Cena: carne o pescado con verduras salteadas; si querés, media taza de arroz más. Está en el plan. Listo.

Compras. Elegí mercados locales, cociná en casa y reducí enlatados y procesados (BPA y aditivos). Evitar sartenes antiadherentes dañadas suma.

Un pequeño permiso. El plan contempla fruta con un toque de chocolate amargo, dentro de carbohidratos moderados, para sostener el cambio a largo plazo.

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