Con el paso de los años, el cuerpo pierde fuerza y movilidad si no se ejercita con regularidad. Incorporar rutinas simples de resistencia y mantener una alimentación equilibrada ayuda a sostener energía y autonomía física.
Mantener el cuerpo fuerte no solo mejora la apariencia física: es una estrategia vital para resistir enfermedades, recuperarse más rápido y vivir con mejor calidad de vida, especialmente ante crisis sanitarias. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mantener una musculatura activa es una forma de “resiliencia física” frente a emergencias sanitarias y es especialmente importante a partir de los cuarenta años.
Con el paso de los años, el organismo atraviesa cambios que muchas veces pasan desapercibidos. Uno de los más importantes es la pérdida progresiva de la masa y fuerza muscular, un proceso conocido como sarcopenia. Este fenómeno puede comenzar desde los 40 años y acelerarse a partir de los 50, afectando la postura, el equilibrio, el metabolismo y la energía diaria.
Por eso, priorizar ejercicios musculares en esta etapa no es una cuestión de estética, sino de salud y funcionalidad. Los músculos fuertes ayudan a sostener las articulaciones, a mejorar la densidad ósea y prevenir lesiones o caídas. También regulan el metabolismo y favorecen el control del peso corporal y del azúcar en sangre.
Pero no se trata de pasar horas en el gimnasio. La OMS recomienda la actividad física moderada por semana, que puede incluir caminar a paso rápido, andar en bicicleta o realizar ejercicios con el propio peso corporal. El entrenamiento de fuerza —incluso con bandas elásticas o botellas de agua— ayuda a conservar y aumentar la masa muscular, especialmente a partir de los 40 años.
Ir al gimnasio no es solo cuestión de peso y estética
En tiempos de crisis de salud —ya sea una pandemia, una ola de enfermedades respiratorias o el aumento de afecciones crónicas—, el cuerpo humano necesita estar preparado para resistir. Y una de las mejores maneras de fortalecerlo es a través del ejercicio físico regular y el desarrollo de la masa muscular.
Los expertos en medicina preventiva y rehabilitación coinciden: la musculatura actúa como un “seguro de vida metabólico”. Tener músculos fuertes no solo mejora la movilidad o la postura, sino que contribuye directamente al funcionamiento del sistema inmunológico, al equilibrio hormonal y al control de enfermedades como la diabetes, la hipertensión o la obesidad.
La masa muscular también tiene un papel crucial en situaciones de enfermedad o reposo prolongado. Durante una infección o una internación hospitalaria, el organismo consume energía y proteínas. Si el cuerpo carece de una reserva muscular adecuada, la recuperación es más lenta y el riesgo de complicaciones aumenta. Por eso, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mantener la musculatura es una forma de preparar al cuerpo para hacer frente a emergencias sanitarias.
Además, la actividad física regular mejora la capacidad pulmonar y cardiovascular, reduce la inflamación sistémica y mejora la función metabólica. Un estudio sobre los ejercicios físicos señala que las personas con buena masa muscular presentan menor mortalidad ante enfermedades respiratorias graves y mejora su respuesta inmunológica.
Pero además de favorecer al fortalecimiento de las piernas y brazos para que los años no afecten los movimientos, las personas activas después de los 40 años tienen menos riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y depresión.
No hace falta levantar grandes pesas, con ejercicios simples son suficientes:
- 2 a 3 sesiones de fuerza por semana.
- Ejercicio aeróbico moderado, puede ser caminar, nadar o andar en bicicleta.
- Mantener una buena alimentación, rica en proteínas, frutas y verduras.
- Descansar con al menos 6 horas de sueño reparador.
Está demostrado que después de los 40 años el cuerpo necesita de otro tipo de cuidados y uno de los que requiere es el fortalecimiento de los músculos, según indican los especialistas en salud.


