Salud

Algoritmos e influencers: cómo frenar los falsos remedios online

En la era digital, las redes sociales son una de las principales fuentes de información para millones. Pero en salud traen un riesgo: mitos, tratamie…

| Por La Tribuna-

En la era digital, las redes sociales son una de las principales fuentes de información para millones. Pero en salud traen un riesgo: mitos, tratamientos sin evidencia y teorías conspirativas que ponen en peligro vidas, como los discursos antivacunas que, sin sustento, cuestionaron sistemas que libraron al mundo de epidemias.


Durante la pandemia, la desinformación quedó expuesta: “curas milagrosas” —como el dióxido de cloro (MMS)—, remedios caseros o dietas extremas se viralizaban en horas, mientras los desmentidos oficiales tardaban días.


Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la “infodemia” —sobreabundancia de información falsa o engañosa— es uno de los mayores desafíos para la salud pública.
Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube son terreno fértil: cualquiera puede dar “consejos” sin respaldo, y los algoritmos premian el impacto emocional antes que la veracidad. Así, mensajes simples, alarmistas o “milagrosos” superan en alcance a explicaciones basadas en evidencia.


En Paraguay, el Ministerio de Salud Pública alertó sobre productos no autorizados que circulan por redes, desde suplementos sin control hasta terapias con sustancias peligrosas. Muchas tendencias nacen en grupos donde testimonios personales se mezclan con pseudociencia y generan falsa credibilidad.

Público confía en “influencers” antes que en la formación

El problema no está solo en los usuarios: faltan regulación y educación digital. A diferencia de los medios tradicionales, las redes carecen de filtros o revisión profesional. El público confía en “influencers de salud” cuya autoridad se basa más en seguidores que en formación académica.
La salida pasa por fortalecer la alfabetización en salud y promover la verificación de fuentes. Los profesionales deben ocupar espacios digitales con información clara y empática. No basta con desmentir mitos, hace falta construir confianza con lenguaje comprensible.


Las redes no son el enemigo: bien usadas, promueven hábitos saludables, campañas de vacunación y derriban prejuicios. Su potencial depende de cómo se utilicen. La responsabilidad de plataformas, medios, profesionales y usuarios será clave para transformar el ruido en conocimiento.


En un tiempo en que un video de 30 segundos puede superar a una campaña institucional, la pregunta es inevitable: ¿estamos consumiendo salud o desinformación?

Cómo enfrentar la desinformación en salud en redes


Se requiere una estrategia combinada de educación, regulación y comunicación efectiva:

  1. Educar para verificar. Reconocer señales de alerta: títulos sensacionalistas, promesas de “cura total”, ausencia de fuentes confiables (OPS/OMS, MSP). Incluir alfabetización digital desde la escuela.
  2. Pensamiento crítico. Preguntar: ¿quién publica?, ¿qué interés tiene?, ¿hay evidencia revisada por pares?, ¿otros expertos coinciden?, ¿se citan estudios y fechas?
  3. Profesionales con voz y cercanía. MSPBS y Mitic pueden impulsar formación y espacios para que equipos de salud expliquen en lenguaje claro, con formatos nativos (reels, shorts, hilos) y respuestas rápidas a rumores.
  4. Protocolos de respuesta. Guías de cuatro pasos: detección temprana, chequeo con fuentes oficiales, mensaje breve con datos clave y piezas visuales compartibles; luego seguimiento y actualización.
  5. Alianzas con plataformas. Exigir el retiro de contenidos peligrosos y activar acuerdos con la OMS. Etiquetado de advertencia, reducción de alcance y derivación a fuentes confiables cuando alguien busque términos de riesgo.
  6. Medios como aliados. Verificar con OPS/OMS, MSP y sociedades científicas antes de publicar consejos de salud, crear secciones fijas de “mito vs. evidencia” y ofrecer rectificaciones visibles cuando un dato resulte erróneo.
  7. Comunidad informada. Fomentar que las personas reporten contenidos nocivos, acompañen a familiares vulnerables en el uso de redes y consulten a profesionales antes de probar “tratamientos”.

La infodemia no se resuelve con censura, sino con más y mejor información, con puentes de confianza y con instituciones que conversen donde está la gente. En Paraguay y en el mundo, proteger la salud exige combinar ciencia, pedagogía y empatía: explicar sin imponer, escuchar sin condescender y responder con evidencia a la velocidad del feed. Solo así reduciremos daños y afirmaremos una cultura de salud.

También te puede interesar

Últimas noticias