Paraguay todavía es un país relativamente joven, pero esa definición perderá fuerza durante las próximas décadas. El envejecimiento ya está incorporado en las proyecciones y obligará a revisar una tarea que hoy recae principalmente en las familias: quién cuida a las personas cuando pierden autonomía, necesitan asistencia diaria o requieren acompañamiento permanente.
El estudio “La Ventana Demográfica en Paraguay”, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) con las Estimaciones y Proyecciones de la Población Nacional por Sexo y Edad 1950-2050, Revisión 2024, muestra que las personas de 65 años y más pasarían de representar 8,6% de la población en 2025 a 16,4% en 2050. En el mismo período, los menores de 15 años bajarían del 25,1% al 17,4%.
El cambio no supone solamente más jubilaciones o mayor demanda de hospitales. También implica más personas que, en algún momento de la vejez, necesitarán ayuda para movilizarse, alimentarse, realizar trámites, cumplir tratamientos o sostener actividades básicas de la vida cotidiana.
Hoy buena parte de ese trabajo se resuelve dentro de los hogares.
Los datos del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, analizados por el INE en su estudio comparativo entre hombres y mujeres, muestran una fuerte desigualdad en las razones de inactividad laboral. Entre las mujeres fuera de la fuerza de trabajo, 54,5% señala las tareas del hogar como motivo, frente a solo 3,1% de los hombres. El propio análisis vincula esa diferencia con la división sexual del trabajo y con responsabilidades domésticas y de cuidados que recaen principalmente sobre las mujeres.
Ese dato permite anticipar un problema.
Si la población mayor crece y el sistema de cuidados continúa dependiendo casi exclusivamente de las familias, la demanda adicional recaerá sobre personas que muchas veces ya están fuera del mercado laboral o reducen su participación para atender esas tareas.
El costo no aparece solamente en el hogar.
Una mujer que deja de trabajar o reduce horas para cuidar a un adulto mayor pierde ingresos, experiencia laboral y aportes jubilatorios. Una empresa pierde parte de su fuerza de trabajo. Y el sistema previsional recibe menos contribuciones precisamente cuando el envejecimiento empieza a aumentar las necesidades de protección.
La participación laboral femenina ya muestra una brecha considerable. Trabajos anteriores de Proyecto Paraguay, elaborados con datos del INE, registraron una tasa de participación de 52,9% entre las mujeres, frente a 79,4% entre los hombres. Además, el 46,9% de las mujeres de 15 años y más estaba fuera de la fuerza laboral, frente al 20,4% de los hombres.
Por eso, discutir cuidados también es discutir empleo y productividad.
El Primer Informe Anual 2025 del PNUD Paraguay incorpora dentro de su programa país la ampliación y mejora del sistema de protección social, con especial atención a poblaciones vulnerables y adultos mayores. El informe señala que en 2025 se incorporaron 34.000 nuevos beneficiarios a la pensión para adultos mayores y que se realizaban pagos mensuales a más de 340.000 personas.
La protección económica es una parte del problema, pero no cubre por sí sola la necesidad de cuidados.
Una persona puede recibir una pensión y, al mismo tiempo, necesitar ayuda para bañarse, cocinar, desplazarse, tomar medicamentos o acudir a consultas. Ese trabajo requiere tiempo, personas capacitadas y, en algunos casos, servicios especializados.
El crecimiento de la longevidad también modifica la duración potencial de esa demanda. A medida que más paraguayos lleguen a edades avanzadas, será necesario distinguir entre envejecimiento autónomo y situaciones de dependencia parcial o total.
Con los documentos disponibles en Proyecto Paraguay todavía no existe una estimación nacional consolidada que permita calcular cuántas personas necesitarán cuidados de larga duración hacia 2030, 2040 o 2050. Esa falta de información ya señala una tarea pendiente: medir la demanda futura antes de diseñar la respuesta.
La planificación debería considerar al menos cuatro frentes.
El primero es la corresponsabilidad dentro de los hogares, para evitar que el cuidado recaiga casi exclusivamente en las mujeres.
El segundo es la formación de trabajadores especializados en atención domiciliaria, geriatría y apoyo a personas dependientes.
El tercero es la expansión de servicios comunitarios y centros de día que permitan acompañar a las familias sin reemplazarlas completamente.
El cuarto es la articulación entre salud, protección social y empleo.
El envejecimiento no transformará a todos los adultos mayores en personas dependientes. Muchos seguirán trabajando, produciendo y participando activamente durante más años. El propio estudio del INE sobre la ventana demográfica señala que una mayor longevidad en mejores condiciones de salud puede ampliar la contribución económica de las personas mayores.
El desafío consiste en prepararse para quienes sí necesitarán asistencia.
Paraguay sabe que hacia 2050 tendrá proporcionalmente casi el doble de adultos mayores que hoy.
Lo que todavía debe definir es quién los cuidará, cómo se financiará ese trabajo y cómo evitar que cuidar implique abandonar el empleo, perder ingresos o llegar también a la vejez sin protección.


