Paraguay todavía tiene una población relativamente joven, pero esa ventaja tiene un límite. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que durante las próximas décadas aumentará con rapidez el peso de los adultos mayores. El problema no es envejecer. El problema es llegar a esa etapa con baja productividad, alta informalidad, cobertura previsional limitada y un sistema de salud que deberá atender a una población con necesidades cada vez más complejas.
El estudio “La Ventana Demográfica en Paraguay”, elaborado con las Estimaciones y Proyecciones de la Población Nacional por Sexo y Edad 1950-2050, Revisión 2024, muestra la dimensión del cambio. En 2025, las personas de 65 años y más representan el 8,6% de la población. Para 2050, esa proporción llegaría al 16,4%. En el mismo período, los menores de 15 años bajarían del 25,1% al 17,4%.
En apenas 25 años, entonces, el peso relativo de los adultos mayores prácticamente se duplicaría.
Al mismo tiempo, la población de 15 a 64 años se mantendría alta: 66,4% en 2025 y 66,2% en 2050. Esa estabilidad ofrece tiempo para prepararse, pero el propio INE advierte que Paraguay ya ingresó en la etapa en la que comienza a cerrarse su ventaja demográfica.
La frase “envejecer antes de hacerse rico” resume una preocupación frecuente en países de ingreso medio: que la población envejezca antes de que la economía haya alcanzado niveles suficientes de productividad, ahorro, formalización y protección social para sostener esa transición.
En Paraguay, varios datos permiten entender por qué esa discusión importa.
El Primer Informe Anual 2025 del PNUD Paraguay señala que apenas el 26% de la población estaba cubierta por niveles mínimos de sistemas de protección social en 2025. La línea de base de 2022 era de 24,6% y la meta planteada para 2029 es de 26,6%.
La expansión de las pensiones para adultos mayores cumple un papel importante dentro de esa red. El mismo informe registra 34.000 nuevos beneficiarios incorporados durante 2025 y pagos mensuales a más de 340.000 personas a través del Ministerio de Desarrollo Social.
Sin embargo, una transferencia no reemplaza un sistema previsional contributivo amplio.
Cuanto mayor sea la cantidad de trabajadores que pasan su vida laboral en la informalidad, mayor será la proporción que llegará a la vejez sin suficientes aportes jubilatorios. Eso obligará a financiar una parte creciente de la protección con recursos generales del Estado.
Los datos laborales y demográficos están conectados.
El INE mantiene series sobre población asalariada que aporta a sistemas de jubilación, mientras sus estudios sobre juventud muestran que la informalidad sigue siendo elevada, especialmente al inicio de la vida laboral. Si una parte importante de la actual población joven permanece fuera del sistema contributivo durante décadas, el problema previsional de 2050 se empieza a construir hoy.
La salud será otro frente.
El documento Indicadores Básicos de Salud Paraguay 2024, elaborado por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social y basado principalmente en datos de 2021, incluye entre sus principales áreas de análisis las enfermedades no transmisibles, como diabetes y enfermedades cardíacas. A medida que envejece la población, aumenta la relevancia de estas patologías y la necesidad de atención continua, medicamentos, controles y servicios de larga duración.
También crecerá la demanda de cuidados.
Una población con más personas de 70, 80 o 90 años requerirá familias, trabajadores especializados, infraestructura y servicios capaces de acompañar situaciones de dependencia. Si esa tarea continúa recayendo principalmente en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres, el envejecimiento también puede limitar la participación laboral femenina.
La productividad completa la ecuación.
El propio estudio del INE sobre la ventana demográfica sostiene que el envejecimiento puede abrir nuevas actividades económicas y permitir una mayor contribución de adultos mayores que llegan a edades avanzadas en mejores condiciones de salud. Pero esa posibilidad depende de haber aprovechado antes la etapa favorable de la estructura por edades.
Para Paraguay, prepararse supone mirar simultáneamente cuatro variables: formalización laboral, productividad, cobertura previsional y capacidad de los sistemas de salud y cuidados.
No hace falta esperar hasta 2050 para evaluar si el país avanza.
En 2035, según el INE, comenzará a revertirse la reducción de la dependencia demográfica porque aumentará el peso de los adultos mayores. Ese año no marca un cierre abrupto de la ventana, pero sí un cambio de tendencia.
La próxima década debería utilizarse para aumentar la cantidad de trabajadores que aportan, mejorar la productividad de quienes están empleados y preparar servicios adecuados para una población más longeva.
Paraguay todavía tiene tiempo para llegar mejor preparado al envejecimiento.
La duda es cuánto de ese tiempo logrará convertir en capacidad económica y protección antes de que la estructura demográfica empiece a exigir mucho más.


