Paraguay atraviesa una etapa demográfica favorable que no será permanente. Hoy tiene una proporción alta de población en edades potencialmente productivas y una carga de dependencia menor que la registrada durante buena parte del siglo pasado. Esa combinación abre una oportunidad para acelerar el desarrollo, siempre que el país logre convertir población disponible en educación, empleo productivo, ahorro y protección social.
El estudio “La Ventana Demográfica en Paraguay”, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la base de las Estimaciones y Proyecciones de la Población Nacional por Sexo y Edad 1950-2050, Revisión 2024, permite dimensionar ese momento.
En 2025, el 66,4% de la población paraguaya tiene entre 15 y 64 años, mientras los menores de 15 representan el 25,1% y las personas de 65 años y más, el 8,6%. Para 2050, el grupo de 15 a 64 años todavía representaría el 66,2%, pero la composición de los dependientes cambiaría de manera significativa: los menores bajarían al 17,4% y los adultos mayores subirían al 16,4%.
La ventana demográfica se observa con mayor claridad mediante la razón de dependencia. El indicador compara a la población menor de 15 años y de 65 años o más con la población de 15 a 64 años. El INE aclara que se trata de una dependencia potencial: no todas las personas de 15 a 64 años trabajan y tampoco todas las que quedan fuera de ese rango están inactivas.
En 1950 había cerca de 99 personas en edades dependientes por cada 100 en edad de trabajar. Para 2025, esa relación había descendido a poco menos de 51 por cada 100. La caída respondió durante décadas principalmente a la reducción del peso de la población infantil, asociada a una disminución sostenida de la fecundidad.
La tendencia, sin embargo, empieza a cambiar.
El mismo análisis del INE señala que desde alrededor de 2010 el aumento de la población de 65 años y más empezó a frenar el descenso de la dependencia. Hacia 2035 comenzaría a revertirse la tendencia y la proporción de dependientes volvería a crecer de manera sostenida. El instituto aclara que 2035 no marca el final inmediato de la ventaja demográfica, pero sí el comienzo de una etapa menos favorable.
Esa precisión es importante porque evita interpretar la ventana como una fecha de cierre exacta.
Paraguay seguirá teniendo una proporción elevada de población en edad de trabajar por varias décadas. La diferencia es que, progresivamente, una parte mayor de esa población deberá sostener sistemas de salud, cuidados y protección social vinculados con una sociedad más envejecida.
La oportunidad actual tampoco garantiza un bono económico.
El propio documento del INE sostiene que los cambios demográficos necesitan estar acompañados por un mercado laboral capaz de absorber a las nuevas cohortes con trabajo productivo.
El estudio Juventud, también elaborado por el INE a partir del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, desarrolla la misma idea. Define el bono demográfico como un período en el que la población en edad de trabajar supera proporcionalmente a la población considerada dependiente. Para que esa estructura produzca beneficios reales, plantea acceso a educación de calidad, empleos decentes y productivos, seguridad social y políticas capaces de reducir las desigualdades que afectan a los jóvenes.
La diferencia entre ventana y bono es central.
La ventana es demográfica: depende de la estructura por edades.
El bono es económico y social: depende de lo que el país haga con esa estructura.
Una persona puede tener 20, 30 o 40 años y estar estadísticamente dentro del grupo potencialmente productivo. Pero si no encuentra empleo, trabaja con baja productividad, permanece en la informalidad o abandona tempranamente su educación, su edad por sí sola no genera desarrollo.
El INE plantea además que una inversión social oportuna en juventud contribuye al aprovechamiento de la actual oportunidad demográfica. Educación, integración laboral y políticas territoriales forman parte de ese proceso.
Paraguay ya dispone de la ventaja demográfica. Lo que está en discusión es cuánto logrará obtener de ella antes de que cambie la relación entre trabajadores potenciales y población dependiente.
La medición debería seguir empleo formal, productividad, aprendizaje, participación laboral femenina, cobertura previsional y capacidad de ahorro.
2035 no es una fecha límite en el calendario. Es una señal.
A partir de allí, según las proyecciones del INE, la estructura poblacional empezará a ejercer una presión creciente en sentido contrario.
La oportunidad seguirá existiendo, pero cada año será menos exclusivamente demográfica y dependerá más de las capacidades que el país haya construido durante este período.


