Crecer 5% no garantiza empleos formales ni mejores salarios

Paraguay puede crecer cerca del 5% y mantener alta informalidad, baja productividad y empleos de escasa protección; por eso el PIB debe medirse junto con salarios, formalización, cobertura previsional y calidad laboral.

| Por Nahuel Ayala
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¿Por qué crecer 5% no garantiza mejores empleos?

Paraguay puede crecer alrededor del 5% y, aun así, mantener una parte importante de su fuerza laboral en empleos informales, de baja productividad o con escasa protección social. El aumento del producto interno bruto indica que la economía produce más, pero no dice por sí solo qué tipo de puestos se crean, cuánto pagan ni si permiten acumular experiencia, aportar a una jubilación o mejorar los ingresos familiares.

El Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2025 de la CEPAL proyectó para Paraguay un crecimiento del PIB de 5,5% en 2025 y 4,5% en 2026, por encima del promedio regional. El organismo también advierte que el crecimiento de América Latina sigue condicionado por baja productividad, inversión insuficiente y debilidades estructurales del mercado laboral.

Ese contraste ayuda a entender por qué el PIB y el empleo deben leerse juntos, pero no como si fueran la misma cosa.

Una economía puede expandirse gracias a sectores capaces de producir mucho con relativamente pocos trabajadores. También puede generar ocupación principalmente en actividades de baja productividad, donde aumentan los puestos sin que mejoren al mismo ritmo los salarios o la protección social.

El Banco Mundial, en su Evaluación de pobreza y equidad en Paraguay, identifica precisamente esa combinación: baja productividad, alta informalidad y prevalencia de empleos de baja calidad. El informe señala que los salarios bajos, las prestaciones limitadas y la menor seguridad laboral restringen los ingresos de los hogares y también reducen la capacidad fiscal del Estado, porque una parte importante de la actividad económica permanece fuera del sistema formal.

La informalidad ofrece una medida concreta del problema.

Datos del INE trabajados en Proyecto Paraguay muestran que en 2025 la ocupación informal no agropecuaria alcanzaba 89,4% entre los trabajadores de 15 a 19 años, 68,2% entre los de 20 a 24 y 60% entre los de 25 a 29. Frente a 2022 hubo una reducción de 2,4; 4,7 y 2,5 puntos porcentuales, respectivamente, pero la informalidad seguía siendo mayoritaria en los tres grupos.

Esto importa especialmente para un país que todavía tiene una población joven numerosa.

Entrar temprano al mercado laboral puede ser positivo si el primer puesto permite aprender, capacitarse y avanzar hacia empleos de mayor productividad. Si el ingreso se produce a través de trabajos precarios que no generan experiencia transferible, cobertura social ni continuidad, el crecimiento económico puede convivir durante años con trayectorias laborales frágiles.

La tasa de desempleo tampoco alcanza para responder si el mercado laboral funciona bien.

El Banco Mundial, en su Panorama económico de América Latina y el Caribe de abril de 2026, advierte que una tasa de desempleo relativamente contenida puede esconder problemas vinculados con informalidad, pobreza y productividad. Una persona puede figurar estadísticamente como ocupada y, al mismo tiempo, trabajar pocas horas, tener ingresos variables o desempeñarse fuera de la protección laboral.

Por eso, crear empleo y mejorar empleo son objetivos relacionados, pero distintos.

El Primer Informe Anual 2025 del PNUD Paraguay plantea como meta que trabajadores y pequeñas unidades productivas aumenten ingresos o productividad y logren integrarse mejor a cadenas de producción locales e internacionales. Esa formulación apunta a una cuestión central: el empleo mejora cuando también mejora la capacidad productiva de las empresas que lo sostienen.

La política económica necesita entonces mirar qué sectores están detrás del crecimiento.

Si el aumento del PIB proviene de inversiones que incorporan tecnología, desarrollan proveedores locales y generan demanda por trabajadores capacitados, el efecto laboral puede ser mayor. Si la expansión se concentra en actividades con pocos encadenamientos o elevada informalidad, el impacto sobre el empleo puede ser más limitado.

También importa el tamaño de las empresas. El Banco Mundial registra brechas de escolaridad y productividad entre trabajadores de microempresas, empresas medianas y grandes, así como entre trabajadores asalariados y por cuenta propia.

Para Proyecto Paraguay, medir la calidad del crecimiento exige sumar nuevos indicadores al PIB.

La vara debería incluir empleos formales creados, evolución de salarios reales, productividad por trabajador, cobertura previsional, permanencia laboral y transición de jóvenes desde puestos informales hacia empleos con mayor protección.

Crecer 5% sigue siendo una buena señal. Aumenta recursos, producción y posibilidades de inversión.

Pero el dato laboral necesita otra comprobación: qué clase de trabajo produjo ese crecimiento y cuántas personas pudieron progresar gracias a él.

Cuando esa información acompañe al PIB, será posible distinguir entre una economía que simplemente crece y otra que convierte ese crecimiento en mejores empleos.

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