Residuos: recoger la basura no es suficiente cuando el servicio falla

Paraguay debe medir la gestión de residuos por cobertura, frecuencia de recolección, interrupciones, reciclaje y disposición final para evaluar la calidad real del servicio en cada territorio.

| Por Nahuel Ayala
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Gestión de residuos: de la cobertura a la calidad del servicio.

Paraguay mejoró la cobertura de recolección de basura durante las últimas dos décadas, pero todavía está lejos de garantizar un servicio uniforme y de calidad. El dato nacional permite medir cuánto avanzó el acceso. Para saber si la gestión funciona, hace falta mirar también frecuencia, regularidad, disposición final, tratamiento y diferencias entre territorios.

Los resultados finales del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran una mejora clara. En 2002, el 33,6% de las viviendas particulares ocupadas contaba con servicio de recolección de residuos sólidos. En 2022, la cobertura llegó al 55,2%. El indicador incluye recolección pública y privada.

El avance es importante, pero también deja otra lectura: cerca de cuatro de cada diez viviendas seguían fuera del servicio formal de recolección.

Además, el Censo mide la forma declarada de eliminación de residuos, no la calidad del servicio. No informa cuántas veces por semana pasa el camión, si existen interrupciones, cuánto tarda en restablecerse una ruta, qué sucede con la basura después de ser retirada ni qué proporción termina en sitios adecuados de disposición.

La diferencia entre cobertura y calidad se vuelve especialmente relevante en comunidades de baja densidad y sectores rurales.

El estudio del INE sobre infancia y adolescencia indígena, elaborado con datos del IV Censo Nacional de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas 2022, muestra un caso extremo. En las viviendas indígenas con presencia de niños y adolescentes, 81,9% elimina la basura mediante quema, mientras solamente 6,5% declara recolección por camión o carrito. El propio informe aclara que el censo no mide volumen generado, frecuencia de eliminación ni impactos ambientales.

Esa precisión metodológica importa.

Dos municipios pueden declarar la misma cobertura y ofrecer servicios muy distintos. Uno puede retirar residuos tres veces por semana y llevarlos a un sitio controlado. Otro puede tener recorridos irregulares, zonas sin atención y disposición final deficiente. En ambos casos, una estadística basada únicamente en “tener o no tener recolección” puede ocultar diferencias importantes.

El Primer Informe Anual 2025 del PNUD Paraguay incorpora precisamente la gestión de residuos entre los indicadores de desarrollo territorial. Para la población con acceso a servicios de recogida de residuos sólidos registra una línea de base de 4.142.363 personas en 2024 y una meta de 4.936.000 para 2029. El mismo informe aclara que para 2025 todavía no se disponía de nuevos datos nacionales. 2 resultados finales viviendas

La meta permite seguir la expansión de la cobertura. El siguiente paso debería medir cómo funciona esa cobertura.

Una primera variable es la frecuencia. Saber cuántos hogares reciben recolección al menos una vez por semana, cuántos tienen recorridos programados y cuántos sufren interrupciones permite acercarse mejor a la experiencia del usuario.

La segunda es la disposición final. Retirar residuos de una vivienda no resuelve el problema si luego terminan en vertederos irregulares, cursos de agua o espacios no preparados para recibirlos.

La gestión de restos de poda muestra esa dificultad. Un trabajo previo de La Tribuna registró que Asunción buscaba habilitar sitios específicos para procesar esos residuos y evitar que parte del material terminara en cursos de agua o se acumulara en lugares con riesgo de incendio.

También importa cuánto se recupera.

Separación en origen, reciclaje, compostaje y aprovechamiento de determinados materiales pueden reducir el volumen que llega a disposición final. Pero estos indicadores necesitan mediciones sistemáticas: toneladas recolectadas, recuperadas, tratadas y finalmente depositadas.

La gestión municipal agrega otra dimensión. La Ley Orgánica Municipal asigna a los gobiernos locales responsabilidades vinculadas con residuos, ambiente y ordenamiento territorial. La calidad del servicio depende, por tanto, de rutas de recolección, equipamiento, contratos, fiscalización, recursos y capacidad administrativa.

Proyecto Paraguay podría seguir esta política con un tablero sencillo:

cobertura de viviendas, frecuencia de recolección, interrupciones, costo por hogar atendido, toneladas recogidas, porcentaje recuperado y destino final de los residuos.

A eso conviene sumar diferencias por barrio, distrito y área rural o urbana.

La expansión de las ciudades hará más exigente esta tarea. Nuevos loteamientos y zonas periféricas agregan hogares, kilómetros de recorrido y costos operativos. Si la recolección llega después que la urbanización, las familias recurren a soluciones informales mientras el municipio intenta ampliar sus circuitos.

El 55,2% registrado por el Censo 2022 permite saber cuánto había avanzado Paraguay en cobertura.

La próxima medición debería responder algo más concreto: con qué frecuencia se recoge la basura, qué ocurre después y qué tan diferente es el servicio según el lugar donde vive cada familia. Ahí empieza la evaluación de calidad.

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