Menor participación laboral femenina frena el bono demográfico del país

La baja participación laboral de las mujeres y la carga desigual de los cuidados limitan el bono demográfico de Paraguay, según datos del INE sobre empleo, juventud y brechas de género.

| Por La Tribuna
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El bono de género es el crecimiento adicional que puede generarse cuando aumenta la participación femenina en la economía.

Paraguay todavía tiene abierta una ventana demográfica favorable: una gran proporción de su población está en edad de trabajar. Pero esa ventaja pierde fuerza cuando una parte importante de las mujeres queda fuera del mercado laboral o ve limitada su participación por tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. Allí aparece el llamado bono de género: el crecimiento adicional que puede generarse cuando aumenta la participación femenina en la economía.

El estudio “La Ventana Demográfica en Paraguay”, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), define el bono de género como el incremento del producto per cápita que puede lograrse mediante avances hacia una mayor equidad en la participación de las mujeres en el mercado laboral. El documento plantea que esta dimensión debe analizarse junto con el bono educativo y la estructura favorable por edades que todavía tiene Paraguay.

La oportunidad es relevante porque el país mantiene alrededor de dos tercios de su población en edades potencialmente productivas. Pero la composición demográfica no garantiza por sí misma desarrollo. Si una parte de esa fuerza potencial encuentra barreras para estudiar, trabajar, formalizarse o aumentar sus ingresos, la economía utiliza menos capacidades de las que realmente dispone.

Los datos del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, analizados por el INE, muestran una diferencia considerable entre hombres y mujeres. La tasa de participación en la fuerza de trabajo alcanza 79,4% entre los hombres y 52,9% entre las mujeres. Al mismo tiempo, el 46,9% de las mujeres de 15 años y más se encontraba fuera de la fuerza laboral, frente al 20,4% de los hombres.

La brecha es de más de 26 puntos porcentuales

Pero el promedio nacional tampoco cuenta toda la historia. El informe del INE identifica diferencias todavía mayores en departamentos de fuerte componente rural. En San Pedro, la brecha entre hombres y mujeres fuera de la fuerza laboral alcanza alrededor de 40 puntos porcentuales; en Caazapá y Canindeyú, cerca de 38; en Caaguazú, 36; y en Concepción, 35. El propio análisis vincula esas diferencias con menores oportunidades económicas, dificultades de acceso y una mayor carga de tareas domésticas y de cuidado. Ahí aparece uno de los factores centrales.

Entre las personas que están fuera de la fuerza de trabajo, el INE encontró que 54,5% de las mujeres señala las tareas del hogar como razón de inactividad, frente a solo 3,1% de los hombres. La diferencia muestra que buena parte de la capacidad femenina no desaparece; se utiliza en trabajo doméstico y cuidados que sostienen hogares y familias, pero que habitualmente no generan remuneración ni aportes jubilatorios.

La desigualdad comienza temprano.

El estudio Juventud, también del INE y basado en el Censo 2022, señala que 15,7% de las personas de 15 a 29 años no estudia ni trabaja en el mercado laboral. Entre las mujeres la proporción asciende a 23,8%, mientras entre los hombres es de 7,5%. En el área rural llega al 24,5%, frente al 11,9% urbano.

Eso no significa que esas jóvenes “no hagan nada”. El propio enfoque del INE advierte que dentro de esa categoría pueden existir búsqueda de empleo, responsabilidades familiares y trabajos de cuidado no remunerados. La diferencia es importante porque evita confundir ausencia del mercado laboral con ausencia de actividad.

Además, las mujeres muestran una permanencia educativa relativamente mayor en varias edades. Entre los jóvenes de 20 a 24 años, por ejemplo, el 35,6% de las mujeres continúa asistiendo a una institución educativa, frente al 28,1% de los hombres. Entre los 25 y 29 años la relación es 15,5% contra 12,6%. Sin embargo, esa mayor permanencia no elimina las desventajas posteriores en el mercado laboral.

Ese contraste es uno de los puntos que Paraguay debería mirar con mayor atención: formar más a las mujeres y después aprovechar menos su capacidad económica representa una pérdida de potencial.

¿Cuánto desarrollo pierde exactamente Paraguay por esa brecha? Con los documentos actualmente incorporados a Proyecto Paraguay, no tenemos una estimación oficial que permita expresar esa pérdida en guaraníes, dólares o puntos del PIB. Sería incorrecto inventarla. Lo que sí podemos medir es la magnitud de la diferencia en participación laboral, inactividad y cuidados.

Por eso, el bono de género debería convertirse en una meta concreta.

No se trata simplemente de que más mujeres “salgan a trabajar”. Se trata de reducir las barreras que les impiden elegir: servicios de cuidado, educación, transporte, empleo formal, horarios compatibles y corresponsabilidad dentro de los hogares.

El propio estudio del INE sobre juventud plantea que aprovechar plenamente el bono demográfico requiere políticas que fomenten la corresponsabilidad en los cuidados, creen empleo decente y fortalezcan la educación y la formación profesional.

Paraguay tiene una ventana demográfica abierta, pero una ventana solo sirve si todos pueden atravesarla.

Mientras casi la mitad de las mujeres adultas permanezca fuera de la fuerza laboral y los cuidados recaigan de forma tan desigual, una parte del potencial productivo del país seguirá quedando sin aprovechar.

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