Llegar al 2028 con una economía más grande no debería ser suficiente. El verdadero examen será otro: si Paraguay logró reducir algunas de las brechas que hoy separan crecimiento de desarrollo. Proyecto Paraguay no propone redactar un programa electoral ni anticipar qué candidatura tiene mejores respuestas. La idea es construir, antes de que llegue la campaña, una vara pública para que cualquier propuesta pueda medirse con las mismas preguntas: problema, meta, costo, plazo, responsable e indicador.
La primera tarea es que crecer empiece a sentirse más en la vida cotidiana. Paraguay redujo la pobreza monetaria al 16% en el 2025, pero todavía significa alrededor de 985.000 personas. Al mismo tiempo, el desarrollo pierde una parte importante cuando se ajusta por desigualdad: el marco inicial de Proyecto Paraguay registra una reducción del 20,8% entre el IDH y su versión ajustada. La señal es clara: el promedio nacional puede mejorar mientras persisten diferencias fuertes en ingresos, educación, salud y territorio.
Antes del 2028 también debería comenzar a cerrarse la brecha del primer empleo. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, la desocupación alcanzó 8,6%, frente al 4,7% nacional, mientras la informalidad entre trabajadores de 15 a 24 años llegó al 74,8%. El desafío no consiste solamente en crear puestos, sino en lograr que ingresar al mercado laboral abra una trayectoria de capacitación, protección social, crédito, ahorro y mejores ingresos.
La tercera transformación debería ocurrir en educación. El país no puede llegar al 2028 midiendo éxito únicamente por matrícula, presupuesto o cantidad de instituciones. La vara debe incluir aprendizaje, permanencia y capacidades. El Censo 2022 del INE muestra que la asistencia escolar es de 92,3% entre los 6 y 14 años, pero cae a 83,9% entre los 15 y 17; en el área rural baja a 79,4%. El Banco Mundial identifica además baja calidad educativa, deficientes resultados de aprendizaje y desigualdades desde la primera infancia como obstáculos para acumular capital humano.
Un cuarto cambio debería ser territorial: que vivir lejos de los principales centros urbanos pese menos sobre las oportunidades. Los datos que venimos trabajando muestran que población y servicios están redistribuyéndose. Central concentra siete de los diez distritos más poblados del país y ciudades como Capiatá, Luque y Limpio seguirán creciendo hacia el 2035. Eso obliga a anticipar vivienda, transporte, escuelas, hospitales y redes de servicios, en lugar de responder cuando la expansión urbana ya produjo congestionamiento y déficit.
El quinto punto es mucho más básico: agua, saneamiento y servicios esenciales. El Censo 2022 del INE registra electricidad en 98,6% de las viviendas, pero agua corriente en 79,3%, desagüe sanitario en 85,7% y recolección de basura en apenas 55,2%. Antes del 2028 debería existir, como mínimo, una estrategia verificable para identificar dónde están las viviendas sin cobertura, cuánto costará incorporarlas y qué institución responderá por cada territorio. 2 resultados finales viviendas
La salud necesita una lógica similar. No debería medirse solo por hospitales inaugurados. El informe Indicadores Básicos de Salud Paraguay 2024, del MSPBS, muestra diferencias territoriales en mortalidad infantil, neonatal y materna entre regiones sanitarias. El próximo paso es medir el acceso efectivo: tiempos de espera, medicamentos, profesionales, camas y distancias.
También debería cambiar la manera en que Paraguay entiende la infraestructura. Una obra no vale únicamente por kilómetros construidos o dinero ejecutado. Proyecto Paraguay propone preguntar cuánto reduce el costo logístico, cuánto tiempo ahorra, cuánta producción moviliza y cuántos empleos permite crear. El documento operativo identifica infraestructura y logística como uno de los doce desafíos estructurales que deben seguirse con indicadores permanentes.
Otro frente es la productividad. La Cepal plantea que para elevar el crecimiento potencial de la región hacen falta formalización, transformación productiva, innovación, digitalización y empleos de mejor calidad. Paraguay puede crecer por encima del promedio regional y aun así mantener actividades de baja productividad. La meta hacia el 2028 debería ser comprobar si inversión y estabilidad están generando empresas, tecnología y puestos de trabajo capaces de producir más valor.
Finalmente está la capacidad del Estado. Presupuesto, leyes y anuncios solo importan cuando terminan en resultados. El PNUD Paraguay trabaja precisamente con líneas de base, mediciones y metas, una lógica que Proyecto Paraguay busca trasladar al control ciudadano. No bastará preguntar qué se promete en el 2028. Habrá que exigir cuánto cuesta, quién ejecuta, en qué plazo y qué indicador permitirá comprobarlo.
No todo puede resolverse en dos años. Educación, productividad, infraestructura o envejecimiento requieren horizontes mucho más largos.
Pero antes del 2028 sí debería cambiar algo fundamental: la calidad de las metas. Paraguay debería llegar a ese año sabiendo con precisión dónde está, qué brechas arrastra y qué resultados concretos espera alcanzar. Porque una elección puede definir quién gobierna. El desarrollo exige saber, además, qué debe cambiar y cómo vamos a comprobar que cambió.


