Agua corriente: uno de cada cinco hogares aún queda fuera

El Censo 2022 del INE muestra que el 79,3% de las viviendas de Paraguay tiene acceso a agua corriente, pero persisten fuertes diferencias entre departamentos y distritos, con coberturas mucho menores en varias zonas del país.

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Agua: el servicio básico que todavía no llega a todos.

Abrir una canilla y encontrar agua corriente parece una acción elemental. Sin embargo, en Paraguay todavía no es una posibilidad garantizada en todos los hogares. El país avanzó con fuerza durante las últimas décadas, pero el acceso sigue mostrando brechas importantes y, una vez más, el territorio donde vive una familia modifica su punto de partida.

Los resultados finales del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE) permiten medir esa transformación. En el 2002, el 52,7% de las viviendas particulares ocupadas contaba con agua corriente. En el 2012 la cobertura había aumentado al 72,4% y para el 2022 llegó al 79,3%, equivalente a 1.386.398 viviendas.

El avance es considerable: en veinte años Paraguay pasó de poco más de cinco a casi ocho de cada diez viviendas con este servicio. Pero el mismo dato muestra el problema pendiente: una parte relevante de los hogares continúa fuera de las redes consideradas por el Censo.

Hay una precisión importante. Cuando el INE habla de agua corriente, incluye el abastecimiento proveniente de Essap, Senasa, redes comunitarias y redes privadas. No significa, por tanto, que toda la cobertura corresponda a una única red pública nacional.

Esa diferencia es central para entender el desafío. Tener alguna forma de red es un avance, pero el siguiente paso debería ser analizar continuidad del servicio, calidad, presión, capacidad de expansión y seguridad del abastecimiento. El Censo permite saber cuántas viviendas llegan a una red; para conocer la calidad efectiva del servicio hacen falta indicadores adicionales.

También llama la atención la diferencia respecto de otro servicio básico. En el 2022, la energía eléctrica alcanzaba al 98,6% de las viviendas, mientras el agua corriente llegaba al 79,3%. La comparación demuestra que la universalización de un servicio esencial es posible, pero que las infraestructuras avanzan a velocidades diferentes.

El promedio nacional, además, esconde realidades territoriales muy distintas.

En Central, el Censo registró 505.449 viviendas particulares ocupadas y 464.375 con agua corriente, una cobertura de 91,9%. Sin embargo, dentro del mismo departamento existen diferencias: Itauguá, Ñemby o San Antonio presentan situaciones distintas a otros municipios, lo que obliga a bajar la planificación del nivel departamental al distrital.

En Concepción, de 56.465 viviendas ocupadas, 39.669 disponían de agua corriente: 70,3%. En Ñeembucú, la cobertura era de apenas 60,7%, con 16.068 viviendas conectadas de un total de 26.468.

Incluso dentro de Ñeembucú aparecen contrastes fuertes. Pilar registraba 8.439 viviendas con agua corriente sobre 11.609 ocupadas, mientras en Desmochados eran 121 sobre 461 y en Guazú-Cuá 143 sobre 526. El problema, por lo tanto, no puede resolverse únicamente mirando porcentajes nacionales.

Lo mismo ocurre en otros puntos del país. Amambay contabilizaba 51.191 viviendas ocupadas, de las cuales 26.958 tenían agua corriente. En Pedro Juan Caballero eran 18.985 de 35.591. En Cerro Corá, 986 de 3.218.

Estos números vuelven visible algo que muchas familias conocen desde la experiencia cotidiana: el acceso a un servicio esencial todavía depende demasiado del lugar donde se vive.

Y la cuestión excede la comodidad doméstica.

El propio INE señala que el acceso a servicios básicos está directamente relacionado con la calidad de vida, la salud, la seguridad y el desarrollo económico de las comunidades. Entre el 2002 y el 2022 también mejoraron el desagüe sanitario –de 63% a 85,7%– y la recolección de basura –de 33,6% a 55,2%–, aunque con velocidades distintas.

Esto permite mirar el agua como parte de un sistema. Una vivienda necesita abastecimiento seguro, pero también eliminación adecuada de aguas residuales y gestión de residuos. De poco sirve ampliar una red de agua si el crecimiento urbano no viene acompañado por saneamiento y planificación.

El desafío se vuelve mayor porque Paraguay tampoco crecerá de la misma manera en todos sus territorios. Las proyecciones del INE muestran departamentos y distritos que seguirán ganando población, mientras otros se estancarán o envejecerán. Las redes que hoy resultan insuficientes podrían enfrentar todavía más presión donde la población continúa expandiéndose.

Por eso, la meta no debería limitarse a decir que la cobertura aumentó.

Proyecto Paraguay propone una vara más exigente: cuántas viviendas faltan, dónde están, qué sistema puede abastecerlas, cuánto costaría cerrar la brecha y en qué plazo puede hacerse.

El país demostró que puede acercarse a la universalización de la electricidad. Con el agua, todavía falta camino. Porque detrás del 79,3% no hay solamente una estadística. Hay hogares donde algo tan básico como abrir una canilla y recibir agua de una red todavía no forma parte de la vida cotidiana.

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