Paraguay puede crecer, atraer inversiones y mejorar sus números macroeconómicos y, al mismo tiempo, mantener problemas que millones de personas sienten todos los días. Esa aparente contradicción es el punto de partida de Proyecto Paraguay, una nueva sección de La Tribuna que buscará responder una pregunta sencilla, pero decisiva: ¿el crecimiento del país se está convirtiendo realmente en una mejor vida para su gente?
No será una sección sobre candidatos ni comenzará en el 2028. Tampoco pretende elaborar un programa de gobierno. La propuesta es construir, desde ahora, una radiografía del país basada en datos, comparar resultados, estudiar experiencias que funcionan y establecer una vara que después pueda aplicarse a cualquier gobierno o candidatura. La lógica será siempre la misma: identificar un problema, medirlo, entender sus causas, evaluar soluciones, determinar quién tiene responsabilidad y establecer qué resultado debería alcanzarse.
Hay razones para hacerlo
El último dato utilizado como referencia por el proyecto ubica a Paraguay con un Índice de Desarrollo Humano de 0,756. Pero cuando ese desarrollo se ajusta por desigualdad, el indicador cae a 0,599. La pérdida es del 20,8%. En otras palabras, una parte importante del progreso existente se diluye cuando se consideran las diferencias en salud, educación e ingresos.
Esa será una de las claves de esta sección: no mirar solamente los promedios.
Paraguay redujo la pobreza monetaria al 16% de la población en el 2025, pero eso todavía representa cerca de 985.000 personas. El país también tiene una población joven importante, aunque las oportunidades no son iguales para todos. Entre las personas de 15 a 29 años, el desempleo alcanzó el 8,6%, mientras que para el conjunto de la población fue de 4,7%. Entre los trabajadores de 15 a 24 años, la informalidad llegó al 74,8%.
Los tres números cuentan una misma historia desde ángulos diferentes. Se puede crecer y reducir la pobreza, pero el siguiente desafío es que una persona joven pueda ingresar al mercado de trabajo, permanecer en él y construir una trayectoria formal que le permita ahorrar, acceder al crédito, aportar a la seguridad social y mejorar sus ingresos.
Proyecto Paraguay buscará conectar esos puntos
Cuando hablemos de educación no nos quedaremos únicamente con cuánto dinero recibe el sistema. Preguntaremos cuánto aprenden los estudiantes, cuántos terminan la secundaria y qué capacidades necesitan para acceder a empleos mejores.
Cuando analicemos salud, no bastará con saber cuántos hospitales existen. Interesará cuánto debe esperar un paciente, dónde faltan médicos, medicamentos o infraestructura y cuánto cambia la atención entre Asunción y el interior.
Cuando hablemos de infraestructura, la pregunta tampoco será simplemente cuántos kilómetros de ruta se construyeron. Será cuánto reduce una obra el tiempo de traslado, el costo logístico y el precio que finalmente pagan productores, empresas y consumidores.
Lo mismo ocurrirá con vivienda, agua, energía, seguridad, justicia, tecnología, industria, empleo, medio ambiente y calidad del Estado. El proyecto trabajará sobre 12 grandes desafíos nacionales, con tres variables presentes en todos ellos: demografía, desigualdad territorial y capacidad institucional.
También habrá comparaciones. Pero no para publicar rankings como si fueran una competencia deportiva.
Si Paraguay aparece detrás de otro país en innovación, logística, educación o digitalización, intentaremos descubrir qué variable explica la diferencia. ¿Infraestructura? ¿Calidad educativa? ¿Regulación? ¿Inversión? ¿Gestión pública? ¿Tecnología? El ranking será el comienzo de la pregunta, no el final de la nota. Esa es precisamente la metodología prevista para el tablero permanente del proyecto.
Cada investigación deberá responder siete cuestiones: dónde estamos, cómo llegamos hasta aquí, dónde está la brecha, con quién podemos compararnos, qué alternativas existen, quién debería actuar y qué meta concreta podemos medir en el 2028, 2033 o 2040.
Y hay otra decisión editorial: los temas no terminarán después de una publicación.
Una de las debilidades que La Tribuna identificó en su propio diagnóstico es que los medios pueden producir buenas notas y abandonarlas al día siguiente. Proyecto Paraguay pretende trabajar de otra manera: construir series, actualizar indicadores y volver sobre las preguntas. Un problema estructural no desaparece porque deje de ocupar la portada.
Por eso también construiremos un Contador Paraguay. Allí seguiremos, entre otros datos, desarrollo humano, pobreza, empleo formal, informalidad, ingreso real, aprendizaje, salud, vivienda, agua, saneamiento, infraestructura, productividad, innovación, Estado de derecho y digitalización pública.
La Tribuna no pretende decirle al lector qué país debe elegir políticamente. Pretende ofrecerle información para que pueda exigir más.
Porque cuando llegue el 2028, la pregunta relevante no debería ser solamente qué promete cada candidato.
Deberíamos poder preguntar algo bastante más concreto:
¿Cuál es el problema?, ¿qué propone hacer?, ¿cuánto cuesta?, ¿quién lo ejecutará?, ¿en cuánto tiempo y con qué indicador podremos comprobar si cumplió?
Ese será el trabajo de Proyecto Paraguay.
Medir el país que tenemos. Discutir el país que necesitamos. Exigir resultados.


