La próxima lluvia pondrá a prueba los desagües: mostrará si el municipio sabe dónde intervenir y cómo proteger a sus vecinos. Lo mismo ocurre con los mercados. Un incendio puede destruir en horas el trabajo de años. Para el próximo intendente, prevenir debe ser una prioridad desde la asunción, con responsables, recursos y resultados verificables.
La Ley Orgánica Municipal, en su artículo 12, contempla funciones sobre desagües pluviales, mercados y fiscalización de normas contra incendios. Los primeros cien días deberían ordenar esas responsabilidades y convertirlas en tareas concretas, coordinadas con las instituciones nacionales y los bomberos.
Antes de la próxima lluvia, la primera herramienta es un mapa útil. Debe identificar cruces donde se acumula agua, cauces obstruidos, viviendas expuestas, escuelas, centros de salud y accesos que pueden quedar cortados. Conviene distinguir los problemas provocados por lluvias intensas de las crecidas del río: requieren diagnósticos y respuestas diferentes.
El Atlas de Riesgos de Desastres del Paraguay, publicado en 2018, aporta una metodología que relaciona amenazas y vulnerabilidades. Ese antecedente debe complementarse con información actual y recorridos barriales. Un mapa nacional orienta; la decisión municipal necesita conocer qué pasa en cada zona y quiénes requieren asistencia.
El mantenimiento debe empezar por los lugares de mayor riesgo. Limpiar sumideros, retirar sedimentos y revisar conductos exige un calendario, equipos disponibles y disposición adecuada de los residuos. Cada intervención debería registrar ubicación, fecha, costo y evidencia del trabajo. Después de una lluvia, corresponde volver para comprobar si mejoró el escurrimiento.
La limpieza tampoco reemplaza las obras necesarias. Donde el drenaje resulte insuficiente, hacen falta estudios de cuenca, proyectos técnicos y una descarga evaluada para evitar trasladar el problema al barrio siguiente. La gestión entrante debe revisar qué proyectos existen, cuáles tienen presupuesto y qué falta para ejecutarlos. Anunciar metros de tubería dice poco sin explicar a quiénes protegerán.
Cada proyecto debe mostrar costo total, etapas, financiamiento y mantenimiento futuro. Si una obra supera el período inicial, el compromiso de los cien días puede ser dejar el diagnóstico validado, el proyecto encaminado y una ruta de ejecución pública. Prometer que desaparecerán todas las inundaciones debilita la confianza; explicar avances y límites permite exigir resultados.
Hace falta preparar la respuesta. El municipio debería acordar con la Secretaría de Emergencia Nacional y los servicios de respuesta quién recibe las alertas, quién decide los cortes preventivos y cómo se comunica con los barrios. Deben identificarse refugios, recorridos seguros y mecanismos de asistencia para personas con movilidad reducida. Ese esquema requiere práctica y actualización.
En los mercados, inspeccionar antes de lamentar significa revisar instalaciones eléctricas, equipos contra incendios, depósitos, uso de gas y vías de evacuación con personal competente. La prioridad depende del peligro y de la cantidad de personas expuestas. Administradores y comerciantes necesitan conocer sus obligaciones y contar con plazos verificables para corregir deficiencias.
Hay un antecedente concreto: el 16 de julio del 2025, la Municipalidad de Asunción informó que inspecciones en el Mercado de Abasto detectaron falta de extintores en varias zonas y necesidades de mantenimiento. Ese reporte describe una situación de esa fecha; no certifica las condiciones actuales. Precisamente por eso, la nueva gestión debe comprobar qué se corrigió y qué sigue pendiente.
Una inspección debe terminar con un acta, responsables, medidas exigidas y otra visita. Ante un peligro inmediato, corresponde disponer medidas de protección según la evaluación técnica y las normas aplicables. Deben comprobarse accesos para bomberos, salidas despejadas y equipos operativos, además de practicar evacuaciones con los trabajadores.
Al día cien, el balance debería mostrar puntos críticos atendidos, drenajes revisados, proyectos con respaldo e inspecciones con correcciones comprobadas. El dato decisivo no será cuántas reuniones hubo, sino qué riesgos se redujeron. La prevención empieza a existir cuando el vecino puede reconocerla en su calle y el comerciante puede trabajar con mayor seguridad.


