El vecino mide la gestión municipal cuando el recolector pasa el día previsto y cuando una calle reparada sigue transitable después de la lluvia. Basura y baches exigen presupuesto, equipos y organización, pero también una condición elemental: que lo anunciado pueda comprobarse por barrio. Para el próximo intendente, convertir esas tareas en servicios confiables debería ser una clara prioridad al asumir.
El 3 de septiembre, la Municipalidad de Asunción informó que durante agosto de 2026 recogió 15.031.660 kilos de residuos mediante los servicios domiciliario y de grandes generadores. También comunicó una frecuencia domiciliaria de tres veces por semana y 33 móviles destinados a esa prestación. Son datos oficiales a contrastar con recorridos cumplidos y verificaciones territoriales, sin confundir volumen total con atención de cada cuadra.
La primera decisión sería publicar un mapa sencillo de rutas, días y franjas horarias, indicando qué residuos recibe cada servicio. Cada vecino debería saber cuándo sacar sus bolsas, dónde consultar un cambio y cómo reclamar si el camión no llega. Restos de poda, escombros y objetos voluminosos necesitan indicaciones y alternativas claras. La colaboración ciudadana requiere información útil y un servicio cumplido.
El municipio debe conocer su capacidad diaria. La flota registrada no equivale a la disponible: hay unidades en reparación, otras en mantenimiento y turnos que dependen de choferes, personal y combustible. Un registro operativo permitiría identificar cuántos camiones salen, qué rutas cubren y qué respaldo existe ante una avería. Comprar vehículos debe acompañarse de presupuesto para conservarlos y de un plan de contingencia.
La medición tendría que mostrar recorridos programados y completados, sectores omitidos y tiempo utilizado para recuperar un servicio fallido. Un registro de ubicación del camión ayuda, pero su paso por una calle no demuestra que se retiraron los residuos. Por eso hacen falta supervisión y consultas a vecinos. El reclamo debe generar un número de seguimiento y cerrarse cuando exista evidencia de atención, permitiendo reportar si el problema sigue.
Con los baches, la prioridad comienza por un inventario ubicado en el mapa. Corresponde clasificar el peligro, la circulación y el acceso a escuelas, centros de salud y recorridos del transporte público. Una falla que amenaza a motociclistas o bloquea una conexión barrial requiere atención urgente. La programación debe explicar esos criterios, señalar quién interviene y diferenciar una medida provisoria de seguridad de la reparación prevista.
La duración exige elegir materiales y procedimientos adecuados a cada daño. El manual de reparación de baches de la Administración Federal de Carreteras de Estados Unidos, FHWA, aborda la selección de métodos, su ejecución y el seguimiento del desempeño. Para la gestión local, eso implica determinar si basta una reparación superficial o si deben atenderse problemas de base, drenaje o pérdidas de agua antes de cerrar el trabajo.
Cada intervención debería dejar una ficha con ubicación, fecha, superficie, materiales, costo y responsable. Las fotos iniciales y finales documentan la tarea, pero el control exige inspecciones posteriores. Si el deterioro reaparece, corresponde investigar la causa y determinar responsabilidades. Contar reparaciones sin identificar cuántas se repiten sobre el mismo punto puede ocultar fallas y elevar el gasto sin mejorar la circulación.
Los costos deben analizarse junto con el servicio recibido. En recolección importan combustible, personal, mantenimiento y disposición final; en bacheo, materiales, preparación, equipos y duración. Comparar barrios o contratos exige considerar distancias, accesibilidad y condiciones de trabajo. Una tarea barata que debe repetirse puede resultar más costosa. Publicar qué se pagó y qué se obtuvo permite discutir eficiencia con evidencia.
En los primeros cien días deben quedar rutas verificables, la flota evaluada, prioridades de reparación y un tablero público de cumplimiento. Las metas deben partir de la situación encontrada y de recursos disponibles. Vecinos y comisiones barriales pueden ayudar a comprobar resultados, mientras la responsabilidad de organizar y controlar sigue en el municipio. La confianza empezará a recuperarse cuando sacar la basura y circular por el barrio dejen de depender de una promesa.


