El déficit habitacional en Paraguay alcanza a 1.117.212 viviendas particulares ocupadas, equivalente al 65,5% de los hogares del país. Pero el dato más revelador está en su composición: cerca de nueve de cada diez casos corresponden a casas existentes que necesitan mejoras, ampliaciones o servicios básicos.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se basan en el Censo Nacional de Población y Viviendas 2022 y fueron presentados en noviembre de 2025.
Según el INE, el déficit cualitativo afecta a 1.008.534 viviendas, el 90,3% del total. Incluye casas con materiales inadecuados; falta de agua o baño apropiado; hacinamiento y núcleos familiares que comparten espacios insuficientes. Son unidades que pueden ser recuperadas.
El déficit cuantitativo alcanza a 108.678 viviendas, el 9,7%. Aquí aparece la necesidad de construir: comprende unidades irrecuperables, hogares agrupados que requieren una casa propia y núcleos preparados para independizarse. La obra nueva resulta indispensable, pero responde a una fracción menor del problema.
La radiografía refuerza la advertencia del Plan Nacional de Vivienda y Hábitat (PNVH): reducir el déficit no consiste únicamente en entregar llaves. También exige mejorar materiales, ampliar espacios, incorporar instalaciones sanitarias y evitar que una casa recuperable termine convertida en una estructura irrecuperable.
La mayor cantidad de casos se encuentra en las ciudades. El déficit afecta a 683.228 viviendas urbanas y a 433.984 rurales. Dentro del componente cualitativo, 591.619 están en zonas urbanas y 416.915 en el campo. En el cuantitativo, la diferencia es mayor: 91.609 viviendas urbanas frente a 17.069 rurales.
El departamento Central registra la mayor brecha, con 245.363 viviendas afectadas al sumar ambos tipos de déficit. Alto Paraná ocupa el segundo lugar, con 170.824 casos. Allí se cruzan crecimiento demográfico, expansión urbana y una demanda creciente de infraestructura, transporte, agua y saneamiento.
La ficha Ciudades Sostenibles del Paraguay, de la Estrategia Nacional de Innovación, sostiene que la urbanización debe estar acompañada por planificación, infraestructura, servicios básicos y vivienda. Parte del déficit no termina en la puerta de la casa: si faltan redes de agua, desagüe, calles transitables, recolección o equipamientos, también existe un déficit del barrio y la ciudad.
El Gobierno impulsa Che Róga Porã, bajo la dirección del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH), para facilitar el acceso a la primera vivienda a personas que no podían obtener préstamos en el sistema financiero. El programa contempla ingresos de uno a nueve salarios mínimos y cuenta con respaldo de la Agencia Financiera de Desarrollo.
Che Róga Porã responde a quienes necesitan adquirir o construir una casa. Sin embargo, si el 90,3% del déficit es cualitativo, el país también requiere instrumentos para reparar, ampliar, conectar servicios y mejorar asentamientos. El crédito para una unidad nueva y la recuperación de hogares deben complementarse.
La discusión ya aparece en la campaña de Asunción. Hugo Ramírez, candidato a concejal, planteó atender 10.700 terrenos ocupados cuyos habitantes carecen de títulos y coordinar soluciones con el MUVH, el MOPC y otras instituciones. Sus propuestas sobre desagües e intervención en sectores populares se conectan con la tenencia segura y el mejoramiento barrial.
Camilo Pérez, candidato a intendente, propuso reforzar la recolección, comprar plantas asfálticas y limpiar cauces mediante cooperación institucional. Sebas Garay, postulante a concejal, habló de recuperar calles y plazas, fortalecer comisiones vecinales y elaborar un mapa de vertederos. No son programas de vivienda, pero actúan sobre el déficit del entorno.
Los demás candidatos deben explicar si priorizarán reparación y ampliación, saneamiento, regularización de terrenos o construcción de nuevas unidades. Más de un millón de viviendas afectadas obligan a abandonar respuestas uniformes y determinar qué necesita cada familia y qué corresponde resolver desde el municipio.
El dato actualizado cambia la escala, pero mantiene la enseñanza central: contar viviendas faltantes no alcanza. La vivienda digna no empieza siempre con una llave nueva. A veces comienza con agua potable, un baño adecuado, una habitación adicional, un techo firme, seguridad jurídica y un barrio conectado.


