Asunción encierra una paradoja urbana: mientras áreas consolidadas pierden habitantes, el crecimiento residencial se desplaza hacia periferias cada vez más alejadas. La ciudad desaprovecha la infraestructura existente y obliga a extender servicios hacia lugares donde todavía son insuficientes.
La Política Nacional de la Vivienda y el Hábitat del Paraguay, presentada en el 2018, identificó dos procesos simultáneos. Por un lado, la expansión urbana de baja densidad, con carencias de servicios, infraestructura y equipamientos. Por otro, el vaciamiento poblacional de áreas consolidadas, particularmente del Centro Histórico de Asunción. El documento apoyó ese diagnóstico en estudios de Cristaldo y Silvero, del Banco Interamericano de Desarrollo y del proyecto Ecosistema Urbano.
Cuando un barrio central pierde residentes, la ciudad deja de aprovechar calles pavimentadas, redes de energía, transporte, edificios y servicios existentes. El centro conserva actividad administrativa y comercial durante el día, pero reduce su vida vecinal. También disminuye la demanda que sostiene almacenes, farmacias, restaurantes y actividades culturales fuera del horario laboral.
En la periferia ocurre lo contrario. Aparecen loteamientos y viviendas antes de que lleguen el pavimento, los desagües, el transporte regular, el agua, el saneamiento o una recolección completa. Las familias encuentran suelo disponible o precios más accesibles, pero luego asumen el costo de vivir lejos del empleo, la educación, la salud y los trámites. La casa puede resultar más barata; habitar la ciudad termina siendo más caro.
La Ficha Ciudades Sostenibles del Paraguay, publicada en el 2020 dentro de la Estrategia Nacional de Innovación, advertía que la provisión de servicios en el Área Metropolitana de Asunción continuaba concentrada en la capital. La población se instala donde encuentra vivienda, pero debe trasladarse hacia Asunción para acceder a buena parte de las oportunidades.
Ese desequilibrio alimenta el tránsito. Cada mañana, miles de personas ingresan a la capital y regresan por la tarde o por la noche. Las avenidas soportan una demanda producida por toda la dinámica metropolitana. El costo se mide en combustible, pasajes, contaminación y horas perdidas. También implica menos descanso, convivencia familiar y tiempo para estudiar o cuidar.
La dispersión encarece la gestión pública. Cuanto más separadas están las viviendas, más kilómetros deben recorrer colectivos y camiones recolectores, y más extensas deben ser las redes de agua, calles e iluminación. Se invierte más para atender a menos personas por cada tramo, mientras zonas ya equipadas de la capital permanecen subutilizadas.
La Política Nacional de la Vivienda y el Hábitat propone recuperar y repoblar centros urbanos con patrimonio histórico. También plantea ciudades compactas, usos mixtos y proyectos habitacionales conectados con infraestructura y empleo. No se trata de obligar a vivir en el centro, sino de volverlo habitable, seguro y accesible. Recuperarlo no puede limitarse a restaurar fachadas: supone atraer residentes y reconstruir vida barrial sin expulsar a quienes ya están allí.
Al mismo tiempo, la periferia necesita planificación previa. Los Planes de Desarrollo Sustentable y los Planes de Ordenamiento Urbano y Territorial deberían determinar dónde puede crecer cada municipio, qué infraestructura será necesaria y quién asumirá su costo. Autorizar loteamientos sin esa evaluación traslada la factura a las familias y a futuras administraciones.
El problema tampoco puede resolverse dentro de los límites de Asunción. Capital y Central funcionan como una región para el empleo, el transporte, los residuos, el comercio y la vivienda, aunque administrativamente estén fragmentados. La coordinación metropolitana es indispensable para distribuir actividades y acercar servicios.
Los diagnósticos de las fuentes emplean información anterior a su publicación y deben actualizarse con datos del INE, los municipios y el MUVH. Pero dejan una pregunta vigente: ¿por qué se sigue empujando población hacia zonas distantes mientras áreas equipadas pierden residentes?
Asunción necesita mirar hacia adentro sin desentenderse de su periferia. Repoblar sectores consolidados, ordenar nuevos desarrollos y coordinar servicios permitiría reducir distancias y aprovechar las inversiones existentes. Una ciudad equilibrada acerca vivienda, empleo y servicios para devolver tiempo y calidad de vida.


