Municipios que devuelven tiempo combaten otra forma de pobreza

Un estudio del Cadep expone la pobreza de tiempo que afecta especialmente a las mujeres y plantea cuidados, transporte y servicios cercanos como prioridades municipales.

| Por Nahuel Ayala
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La ciudad que devuelve tiempo también combate la pobreza.

La pobreza suele medirse por los ingresos disponibles para cubrir alimentación, vivienda, salud y otras necesidades básicas. Sin embargo, existe otro recurso que también determina la calidad de vida y se distribuye de manera profundamente desigual: el tiempo. Una persona puede superar la línea monetaria de pobreza y, aun así, no disponer de horas suficientes para descansar, estudiar, participar en su comunidad o cuidar de sí misma.

El libro “Economía, Sociedad y Estado en Paraguay”, publicado en 2026 por el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), incorpora esta dimensión en el capítulo “La pobreza de tiempo: más allá de los ingresos en Paraguay”, elaborado por la economista Ana Rojas Viñales. El estudio utiliza datos de la Encuesta sobre Uso del Tiempo realizada en 2016 por la entonces Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, actual Instituto Nacional de Estadística.

De acuerdo con los cálculos presentados en el libro del Cadep, al considerar como pobreza de tiempo dedicar más de 20,9 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, el problema afecta al 37,4% de la población estudiada. Pero la desigualdad aparece con claridad al separar los resultados por sexo: alcanza al 60,4% de las mujeres, equivalente a 1.123.370 personas, frente al 10,9% de los hombres, unas 176.836 personas.

Cuando se aplica el umbral más exigente, de 27,8 horas semanales, el 43,6% de las mujeres permanece en situación de pobreza de tiempo, frente al 6,1% de los hombres. En este nivel, la incidencia entre las mujeres es aproximadamente siete veces superior. El capítulo también muestra que, al desagregar el umbral por sexo, este alcanza 38 horas para las mujeres y 9,5 para los hombres, una distancia que refleja la distribución profundamente desigual del trabajo no remunerado.

El propio estudio del Cadep advierte una limitación importante: la Encuesta sobre Uso del Tiempo de 2016 continúa siendo la única disponible en Paraguay. Por tanto, las cifras no deben presentarse como una fotografía estadística de 2026. No obstante, permiten identificar una estructura que merece ser actualizada y discutida: las tareas domésticas, la crianza y el cuidado de personas dependientes siguen recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Para LT Ciudad, el hallazgo abre una pregunta concreta: ¿cuánto tiempo pierde una persona por culpa de una ciudad mal organizada?

El tiempo también se pierde esperando un colectivo que no llega, recorriendo varias oficinas para completar un trámite, acompañando a un adulto mayor porque no existe un servicio cercano o caminando por la calle porque la vereda está destruida. Una guardería inexistente puede impedir que una madre trabaje. Un centro de salud demasiado distante puede convertir una consulta de una hora en una jornada completa. Una calle intransitable puede alargar todos los recorridos cotidianos.

Por eso, la pobreza de tiempo también debe incorporarse a las políticas municipales. Una ciudad que cuida necesita centros barriales de atención infantil, con horarios compatibles con las jornadas de trabajo y ubicados cerca de los hogares. Estas instituciones no sustituyen a las familias: distribuyen mejor una responsabilidad que no puede seguir descansando exclusivamente sobre ellas y, particularmente, sobre las mujeres.

Los municipios también pueden impulsar espacios diurnos para adultos mayores y servicios de cuidado domiciliario para personas con dependencia. Estas respuestas pueden desarrollarse mediante convenios con el Ministerio de Salud, el Ministerio de Desarrollo Social, organizaciones comunitarias, universidades y empresas. No todos los municipios tendrán capacidad para prestar directamente cada servicio, pero sí pueden identificar la demanda, aportar infraestructura y coordinar soluciones.

La movilidad constituye otro punto decisivo. Un transporte público eficiente, accesible y previsible devuelve horas a la población. Aunque la regulación del sistema involucra a distintas instituciones, las municipalidades pueden mejorar paradas, recorridos internos, cruces, iluminación y accesibilidad. También pueden producir información sobre los desplazamientos reales y exigir una coordinación metropolitana que hoy resulta insuficiente.

Las veredas transitables y los recorridos seguros son igualmente una política de tiempo. Cuando una persona con un niño, una discapacidad o un adulto mayor no puede caminar dos cuadras, debe buscar transporte, desviarse o depender de otra persona. La infraestructura urbana defectuosa no solamente incomoda: reduce autonomía y multiplica las horas necesarias para completar actividades elementales.

En las zonas rurales, el capítulo del Cadep recomienda invertir en caminos, transporte comunitario, agua, energía y saneamiento. La falta de estos servicios obliga a destinar más tiempo a desplazamientos y tareas que podrían resolverse con infraestructura básica. Allí, la pobreza de tiempo se combina con las distancias y el aislamiento.

Medir esta realidad permitiría diseñar mejores políticas. Cada municipio podría identificar cuánto tardan sus habitantes en llegar al trabajo, acceder a salud, completar trámites o encontrar servicios de cuidado. Esos datos deberían convertirse en metas: reducir traslados, acercar servicios y liberar horas.

Una calle destruida, un colectivo imprevisible o una guardería inexistente también producen pobreza. Una ciudad bien organizada no solo mueve vehículos y recauda tasas: devuelve tiempo para trabajar, estudiar, descansar y vivir.

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