Un mismo modelo municipal no funciona igual en todo el país

Un estudio del Cadep revela profundas diferencias económicas entre regiones y propone que los municipios paraguayos diseñen estrategias propias de empleo, inversión y formalización.

| Por La Tribuna
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Cada territorio necesita una política municipal diferente.

Paraguay suele diseñar políticas públicas como si todas sus ciudades enfrentaran los mismos problemas. Se repiten programas, modelos de gestión y proyectos sin considerar las características económicas, sociales y geográficas de cada zona. Sin embargo, un municipio metropolitano, una ciudad fronteriza, una localidad agrícola y un distrito del Chaco no necesitan las mismas respuestas. Copiar una fórmula y aplicarla en todo el país puede terminar desperdiciando recursos y profundizando las desigualdades.

El libro “Economía, Sociedad y Estado en Paraguay”, publicado en 2026 por el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), ofrece elementos para cambiar esa lógica. En el capítulo “El desarrollo económico territorial en Paraguay: realidades y desafíos”, la economista María Belén Servín demuestra que no existe un solo Paraguay económico. El país está compuesto por territorios con niveles muy diferentes de producción, empleo, desarrollo empresarial, informalidad y vulnerabilidad social.

Los datos reflejan una fuerte concentración. Central genera el 28,5% del producto interno bruto nacional; Asunción, el 17,1%; Alto Paraná, el 15,4%; Itapúa, el 6,4%, y Caaguazú, el 5,9%. En conjunto, estos cinco territorios explican más del 70% de la economía paraguaya. En el otro extremo, Caazapá aporta el 1,5%; Ñeembucú, el 0,8%, y Alto Paraguay apenas el 0,4%.

La concentración también se observa en el tejido empresarial. Cerca del 67% de las empresas del país se encuentran en Central, Asunción y Alto Paraná. Mientras la capital registra 1.853 mipymes por cada 10.000 habitantes, San Pedro tiene 307, Caazapá 290 y Presidente Hayes 299. Las diferencias no se limitan a la cantidad de negocios, ya que en departamentos como San Pedro, Caazapá y Paraguarí la informalidad laboral se acerca o supera el 70%.

A partir de estas condiciones, el estudio identifica cinco regiones económicas. La Metropolitana, integrada por Asunción y Central, concentra servicios, empresas, empleo y capital humano. La Fronteriza Dinámica reúne a Alto Paraná, Itapúa, Caaguazú y Canindeyú, con agricultura mecanizada, agroindustrias y una intensa actividad comercial. La Fronteriza de Menor Dinamismo comprende Ñeembucú y Amambay. La Región Económica en Transición abarca Concepción, San Pedro, Cordillera, Guairá, Paraguarí, Caazapá y Misiones. Finalmente, el Chaco aparece como una economía en despegue, con poca población y empresas, pero con un complejo agropecuario de gran potencial.

Esta clasificación debería modificar la manera en que las municipalidades elaboran sus planes. Una ciudad de Central puede necesitar ordenar su expansión urbana, conectar sus zonas residenciales con polos laborales y coordinar el transporte con distritos vecinos. Una localidad fronteriza probablemente deba mejorar la formalización comercial, la logística, los mercados y los controles. Un municipio agrícola puede priorizar caminos, centros de acopio, ferias y capacitación para pequeños productores. En el Chaco, las distancias, la baja densidad poblacional y la falta de servicios exigen soluciones diferentes.

El primer paso consiste en elaborar un diagnóstico productivo municipal. Cada ciudad debería saber de qué vive su población, cuáles son sus principales actividades, qué sectores están creciendo, cuáles retroceden y qué oportunidades podrían desarrollarse. Una política local de empleo no puede apoyarse en intuiciones ni en cursos elegidos desde una oficina sin relación con el mercado.

También hace falta un mapa municipal de empleo, empresas e informalidad. No basta con conocer cuántas patentes fueron pagadas. Es necesario identificar dónde están los comercios, qué barrios concentran actividades productivas, qué puestos de trabajo existen, qué habilidades requieren las empresas y en qué zonas predominan ocupaciones precarias. Esa información permitiría orientar la capacitación, la infraestructura y la formalización hacia necesidades reales.

Cada municipio debería contar además con una estrategia para atraer inversiones compatibles con su territorio. Atraer cualquier proyecto, sin evaluar su ubicación, impacto ambiental o relación con la economía local, puede crear nuevos conflictos. La inversión útil es aquella que aprovecha capacidades existentes, genera empleos, incorpora proveedores de la zona y respeta el ordenamiento urbano.

Las metas también deben ser concretas y medibles: reducir los días necesarios para abrir una empresa, aumentar el número de pequeños negocios formalizados, capacitar personas en áreas con demanda laboral, incorporar proveedores locales y habilitar espacios comerciales ordenados. Sin metas anuales, el desarrollo local queda reducido a discursos difíciles de evaluar.

Por último, muchos problemas superan los límites de una ciudad. El transporte, los residuos, las cuencas, los caminos, los mercados y los corredores económicos requieren coordinación entre municipios vecinos. La población cruza todos los días fronteras administrativas que la gestión pública todavía trata como barreras.

El aporte del Cadep permite pasar de los promedios nacionales a la realidad de cada territorio. Paraguay necesita políticas generales, pero también gobiernos locales capaces de leer su propia ciudad y actuar en consecuencia. Una ordenanza copiada puede llenar una carpeta. Una política construida con datos, actores y objetivos locales puede transformar oportunidades.

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