Las ciudades paraguayas necesitan menos promesas generales y más compromisos municipales con presupuesto, plazo, responsables e indicadores públicos.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística, los estudios sobre movilidad y las demandas recogidas durante la campaña municipal coinciden en algo elemental: la gente no está pidiendo ciudades futuristas. Está reclamando municipios que resuelvan lo cotidiano.
Paraguay tiene 263 distritos con realidades profundamente desiguales. El Índice de Pobreza Multidimensional va desde 0,9% en Fernando de la Mora hasta 82,2% en Puerto Pinasco. Por eso no existe una receta única, pero sí diez urgencias que pueden traducirse en políticas municipales concretas.
1. Un mapa social de cada ciudad
Antes de prometer, hay que saber dónde están las necesidades. Cada municipio debe identificar hogares vulnerables, asentamientos, personas mayores que viven solas, familias monoparentales, jóvenes fuera del sistema educativo y barrios sin servicios. Ese mapa debe determinar dónde invertir primero. La regla debería ser sencilla: cada problema identificado debe tener una meta, un presupuesto, un plazo y un indicador público.
2. Veredas, sombra y accesibilidad
Una ciudad no empieza en las grandes avenidas, sino en la puerta de la casa. Veredas continuas, rampas, iluminación, árboles, cruces seguros y paradas protegidas son obras pequeñas con un enorme impacto. Paraguay ya tiene 523.660 personas de 65 años o más. Si una persona mayor, una embarazada o alguien con discapacidad no puede caminar dos cuadras, esa ciudad no es accesible. Los municipios pueden fijar estándares, fiscalizar su cumplimiento e intervenir en corredores prioritarios.
3. Barrios donde no sea obligatorio tener automóvil
En el área metropolitana, 30,6% de los hogares no cuenta con vehículo propio. Sin embargo, gran parte de la planificación urbana continúa pensada para el automóvil. Los municipios deben mejorar recorridos internos, ordenar paradas, conectar barrios con escuelas, hospitales y centros comerciales, y coordinar el transporte con municipios vecinos. También pueden fomentar centralidades barriales para que estudiar, trabajar, comprar o hacer trámites no implique cruzar toda la ciudad.
4. Una red municipal de cuidados
El 56% de los hogares paraguayos tiene niños o adolescentes, mientras 43% de los hogares con menores posee jefatura femenina. Además, unas 126.000 familias son monoparentales. Guarderías municipales, centros de cuidado, apoyo escolar y actividades de contraturno no son solamente asistencia social: permiten que miles de madres estudien, trabajen o emprendan. Una ciudad que cuida también produce autonomía económica.
5. Trabajo local para jóvenes y mujeres
Paraguay registra 225.801 jóvenes de entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan, con una mayor incidencia entre las mujeres. Los municipios no pueden resolver solos el desempleo, pero sí conectar capacitación, empresas y oportunidades. Se necesitan bolsas de empleo activas, formación vinculada con la demanda local, ferias permanentes para emprendedores, compras municipales a mipymes y espacios seguros para el comercio formal. La política social más transformadora sigue siendo el trabajo.
6. Mejoramiento de viviendas y servicios básicos
Alrededor de 285.000 hogares con niños presentan al menos una necesidad básica insatisfecha. En algunos departamentos del Chaco, la precariedad alcanza niveles críticos, mientras Central concentra una enorme cantidad de familias afectadas. Los municipios deben regularizar asentamientos cuando sea posible, mejorar calles, drenajes, agua, iluminación y recolección, además de coordinar programas de vivienda con el Gobierno central. No pueden construir todas las casas, pero sí dejar de permitir que barrios enteros permanezcan invisibles.
7. Conectividad como servicio comunitario
En Alto Paraguay, apenas el 29,8% de los jóvenes dispone de conectividad; en Presidente Hayes llega al 37,8% y en San Pedro al 39,4%. Internet ya condiciona el acceso a la educación, el empleo y los servicios públicos. Las municipalidades pueden instalar puntos comunitarios gratuitos en plazas, bibliotecas y centros barriales, acompañados por capacitación digital. También deben mantener canales presenciales: digitalizar no puede significar excluir.
8. Plazas vivas y convivencia barrial
Los espacios públicos abandonados terminan siendo ocupados por la oscuridad, el consumo problemático o la violencia. Recuperar plazas exige iluminación, mantenimiento, deporte, cultura, internet público y actividades regulares. Al mismo tiempo, los municipios deben controlar locales que funcionan con patentes distintas a su verdadera actividad y alteran zonas residenciales. No se trata de clausurar la vida nocturna, sino de hacer cumplir las reglas y proteger el descanso de los vecinos.
9. Drenaje, residuos y ambiente
Cada lluvia vuelve a exponer décadas de improvisación. Los municipios deben publicar mapas de zonas inundables, limpiar desagües con cronogramas verificables, impedir construcciones sobre cauces y exigir medidas de mitigación a nuevos proyectos. La gestión de residuos también necesita separación, reciclaje, formalización de recuperadores y sanciones efectivas. Una ciudad no puede promocionarse como moderna si convierte arroyos y baldíos en vertederos.
10. Cuentas claras y gestión profesional
Ninguna propuesta será sostenible con municipalidades endeudadas, plantillas sobredimensionadas y recaudación ineficiente. Se necesita actualizar catastros, reducir gastos políticos, profesionalizar al funcionariado, ordenar compras y publicar contratos, obras, funcionarios e indicadores. La ciudadanía debe poder conocer cuánto se recauda, en qué se gasta y quién responde cuando una obra se atrasa.
Las próximas autoridades municipales no deberían recibir un cheque en blanco. Cada candidatura debe explicar qué problema atacará, cuánto costará, cómo lo financiará y cuándo mostrará resultados. La gran reforma que necesitan las ciudades paraguayas no comienza con una obra monumental. Empieza cuando el municipio vuelve a hacerse cargo de la vereda, el barrio y la vida cotidiana.


