Blasco propone cortar privilegios y cambiar el sistema municipal

Humberto Blasco, concejal del PLRA y candidato de la Lista 2, opción 5, plantea reducir gastos, fortalecer los controles y recuperar las finanzas de la Municipalidad de Asunción.

| Por Nahuel Ayala
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Humberto Blasco propone cambiar el sistema para recuperar Asunción.

El concejal Humberto Blasco busca un nuevo período en la Junta Municipal de Asunción por el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Lista 2, opción 5. Presenta su candidatura como la continuidad de una gestión enfocada en el control financiero, la institucionalidad y la construcción de acuerdos, pero sostiene que la capital necesita algo más profundo que una renovación de autoridades: “Lo que se requiere en la Municipalidad de Asunción es un cambio de sistema”.

Al evaluar sus dos períodos como edil, Blasco divide su gestión en etapas marcadas por momentos críticos. La primera fue durante la pandemia, cuando ejerció la presidencia de la Junta Municipal y decidió aplicar una política de reducción de gastos basada, según explicó, en el presupuesto base cero.

Afirmó que en ese período se recortó cerca del 40% de los gastos operativos sin suspender programas ni afectar el funcionamiento institucional. “El buen administrador es el que logra los mismos objetivos con el menor costo”, señaló. La reducción alcanzó las dietas y otros beneficios de los concejales, como combustible, comunicaciones, viajes y viáticos.

“Recortamos hasta el café y nadie se murió”, recordó. Para Blasco, aquella experiencia demostró que la institución podía funcionar con menos recursos y que los privilegios políticos no debían considerarse gastos intocables.

El segundo punto que destaca es su advertencia sobre el deterioro de las finanzas municipales. Según relató, sus cálculos anticipaban que la municipalidad se dirigía hacia una crisis económica y un eventual incumplimiento de sus obligaciones. Dijo que comunicó esa situación a las bancadas políticas, al intendente y a responsables de la administración.

“Los números no daban”, sostuvo. Blasco aseguró que inicialmente quedó aislado por sus advertencias, pero que posteriormente sus estimaciones fueron respaldadas por informes de la Contraloría General de la República y por los resultados de la intervención municipal. Consideró ese episodio un logro profesional antes que político.

Sin embargo, reconoce que para el ciudadano los grandes balances financieros resultan lejanos frente a problemas cotidianos. “Al ciudadano le preocupa su día a día, le preocupa su metro cuadrado”, expresó. En esa agenda inmediata ubicó el transporte público, la basura, el tránsito, la seguridad vial, la iluminación y la prevención de hechos delictivos.

Aunque la seguridad pública no es una competencia directa del municipio, Blasco considera que la comuna debe colaborar con la Policía mediante calles iluminadas y transitables, cámaras, comisiones vecinales activas y una coordinación entre agentes municipales y organismos de seguridad. También propone paradas de buses inteligentes, monitoreadas y capaces de informar cuánto falta para la llegada de cada unidad.

Blasco define su actuación como una “oposición equilibrada”: crítica y firme, pero sin buscar el espectáculo político. “No le juego al tobillo al oficialismo, no le hago zancadillas. Apunto a situaciones que considero erradas y sin fundamento”, explicó. Reconoció que esa forma de actuar puede ofrecer menor exposición en un escenario dominado por la confrontación, pero dijo mantener su vocación docente y su propósito de construir ciudadanía.

Para el edil, ser ciudadano implica conocer las obligaciones, cumplirlas y exigir los derechos correspondientes. “Mientras creamos que la autoridad puede hacer lo que quiera, vamos a seguir en una etapa preciudadana”, advirtió.

También sostuvo que la ciudadanía ya no acepta que un representante se excuse por pertenecer a la oposición. “A ellos no les importa que yo sea oficialista u opositor. Ellos quieren gestión y resultados”, afirmó. Por eso reivindicó los acuerdos políticos transparentes cuando están orientados a resolver problemas colectivos, diferenciándolos de las negociaciones realizadas para obtener ventajas particulares.

“Cuando vos acordás para beneficio de la ciudadanía, el resultado es ponderado por los ciudadanos”, señaló. En esa línea, considera que puede ayudar a construir gobernabilidad para un eventual gobierno municipal de Soledad Núñez, cuya candidatura –según dijo– fue una de las razones que lo impulsaron a competir nuevamente.

Blasco cuestionó además la dependencia operativa de la Junta respecto de la Intendencia. Aunque la legislación le atribuye funciones de control y cogobierno, aseguró que sus asesores, técnicos y soportes administrativos dependen del Ejecutivo municipal. A esto se suma, según su análisis, el uso recurrente de la mayoría oficialista para bloquear controles. “No tiene que haber un oficialismo obsecuente”, sentenció.

Sobre la recuperación económica de la comuna, rechazó que la única salida sea aumentar impuestos, vender bienes municipales o crear peajes. Planteó reducir gastos corrientes, depurar programas sin impacto ciudadano, ordenar la normativa tributaria, mejorar la recaudación y habilitar alianzas público-privadas en servicios deficitarios.

Blasco afirmó que Asunción tiene alrededor de 1.500 conceptos tributarios y un gasto cercano a USD 100 millones en salarios y beneficios. También señaló que solo el 14% del presupuesto se destina a obras, con una ejecución financiera aproximada del 6% y una ejecución física todavía menor. Todos estos datos fueron expuestos por el candidato durante la entrevista como parte de su diagnóstico municipal.

A su criterio, una reforma rigurosa permitiría recuperar las finanzas en aproximadamente cinco años y liberar recursos para servicios visibles. “Sí se puede lograr un equilibrio presupuestario y financiero sin cometer injusticias y sin incrementar la presión tributaria”, aseguró.

Con ese planteamiento, Blasco pide nuevamente el respaldo electoral. “Orienté toda mi formación y mi vocación al servicio público”, afirmó. Su propuesta combina austeridad, control institucional, participación privada, acuerdos políticos y una idea central: la municipalidad debe dejar de financiar su propia estructura para volver a concentrarse en las necesidades del ciudadano.

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