Veredas, transporte y vivienda: Asunción reclama más calidad

El arquitecto Ricardo Meyer plantea que Asunción debe priorizar veredas accesibles, transporte público, vivienda, drenaje y densificación para reducir costos urbanos y mejorar la calidad de vida.

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La ciudad de 20 cuadras: el desafío de vivir, cuidar y caminar mejor.

Una madre sale temprano de su casa. Deja a su hijo en la escuela, hace una compra, va al trabajo, vuelve a buscarlo y quizá debe acompañar a una persona mayor o resolver un trámite. No siempre atraviesa la ciudad. Muchas veces su vida ocurre en unas pocas cuadras. Pero si en ese recorrido hay una vereda rota, falta sombra, una parada es insegura o el transporte no llega, la ciudad le agrega tiempo, cansancio y costos a una jornada que ya está cargada.

Para el arquitecto Ricardo Meyer, allí debería empezar la discusión urbana. “Si una ciudad no fue pensada para todos, es muy difícil que funcione para todos”, sostuvo al referirse a hogares monoparentales, personas mayores, niños y personas con discapacidad. La inclusión, planteó, no se mide solo por una gran obra o por la cantidad de asfalto: se mide por la posibilidad real de desplazarse, acceder a servicios y sostener la vida cotidiana con autonomía.

El Censo 2022 del INE muestra que esta no es una agenda marginal. El 43% de los hogares con niñas, niños y adolescentes tiene jefatura femenina: son 423.360 hogares. No significa que todas esas familias enfrenten la misma situación, pero sí confirma que una parte muy importante de los cuidados, el trabajo remunerado y la organización doméstica recae sobre mujeres. Cuando los servicios están lejos o los trayectos son inseguros, esa carga se multiplica.

También hay 225.801 jóvenes de 15 a 29 años que no estudian ni trabajan en el mercado laboral; la mayoría son mujeres y entre los factores aparece el peso de las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. A la vez, Paraguay mantiene una población joven, pero envejece: el Censo contabilizó 523.660 personas de 65 años y más, equivalentes al 8,6% de la población. Una ciudad que no permite caminar, esperar un colectivo o hacer un trámite sin depender de otro limita oportunidades para todos.

Meyer cuestiona que el debate municipal quede reducido a tapar baches. Es una necesidad concreta, pero no puede ocupar toda la idea de ciudad. “Deberían preocuparnos las veredas”, señaló, porque son intransitables en numerosos sectores. Una persona sin discapacidad ya debe bajar a la calzada para avanzar; para alguien en silla de ruedas, con carrito de bebé o movilidad reducida, el obstáculo es todavía mayor.

La prioridad no exige esperar una transformación total para empezar. Veredas continuas, cruces seguros, sombra, bancos, iluminación, paradas protegidas y accesos adecuados a escuelas, centros de salud, mercados y oficinas públicas son intervenciones de cercanía. El arquitecto observa que, aunque faltan estudios específicos, una gran cantidad de personas desarrolla su vida en un radio de 15 o 20 cuadras: la escuela de los hijos, la despensa, el trabajo próximo o el lugar donde hace un trámite.

Esa “ciudad cercana” convive con desafíos de escala mayor. Meyer mencionó el análisis que estima en unos USD 4.000 millones la inversión necesaria para modernizar Asunción, pero advirtió que una cifra depende de qué ciudad se quiere construir. El monto no debería usarse como excusa para la parálisis ni como promesa sin plan. Obliga a ordenar prioridades, identificar fuentes de financiamiento y decidir qué problemas requieren una respuesta inmediata y cuáles necesitan proyectos de largo plazo.

En movilidad, su planteamiento es claro: los viaductos no resuelven por sí solos una ciudad diseñada alrededor del vehículo particular. Cuando el transporte público es lento, incierto o inseguro, quien puede compra un automóvil; quien tiene menos recursos recurre a una moto. Así crece el tránsito y empeora el servicio colectivo. Meyer propone pensar una red integrada y multimodal, incluso con opciones de alta capacidad, que conecte barrios y microcentro sin obligar a cada familia a sostener un vehículo propio.

La vivienda y el suelo también forman parte del problema. Una ciudad extendida “como mancha de aceite” encarece todo: recolección de residuos, agua, desagües, energía, fibra óptica y recorridos de transporte. Densificar áreas con infraestructura puede mejorar la recaudación y repartir costos entre más habitantes, pero exige que esos barrios sean atractivos, seguros, accesibles y ambientalmente equilibrados. No se trata de construir más por construir: se trata de acercar vivienda, empleo, educación y servicios.

Meyer señala, además, que antes de aumentar impuestos conviene discutir evasión, eficiencia y uso del suelo. Algunas funciones, como el transporte público, suelen requerir subsidios porque garantizan un derecho: llegar a estudiar, trabajar, atenderse o participar de la ciudad. Otras mejoras pueden reducir costos si se planifican con escala y continuidad.

La seguridad también debe entenderse de manera amplia. Un desagüe pluvial insuficiente vuelve peligrosa a la ciudad durante una lluvia intensa. Una calle sin iluminación, una parada aislada o una vereda quebrada expulsan a las personas del espacio público. La seguridad ciudadana no reemplaza a la Policía, pero se construye con barrios caminables, vecinos que se encuentran y servicios que funcionan.

Asunción no necesita elegir entre el metro, el drenaje o la vereda. Necesita una secuencia de decisiones que conecte la gran inversión con la vida de todos los días. Planificar para quien cuida, para quien envejece, para quien no tiene vehículo y para quien camina pocas cuadras es, en definitiva, planificar una ciudad más eficiente. La pregunta no es solo cuánto cuesta modernizarla. Es cuánto cuesta seguir dejando que la vida cotidiana se vuelva más difícil.

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