El dinero está, pero falta una gestión que dé resultados dice Soledad Núñez

La candidata a intendenta por Juntos por Asunción Soledad Núñez, plantea reformar la Municipalidad con transparencia, control de recursos, obras y mejores servicios en los barrios.

| Por Nahuel Ayala
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Para Soledad Núñez Asunción tiene recursos, pero la Municipalidad está quebrada: el desafío de volver a hacerla funcionar.

La candidata a intendenta por la alianza Juntos por Asunción Soledad Núñez dejó una definición política que merece salir del terreno de las consignas: “La Municipalidad está quebrada pero Asunción sí tiene muchos recursos”. La frase condensa una discusión central de esta campaña. El problema de la capital no es solamente la falta de obras, las calles deterioradas, los residuos acumulados o los desagües que no alcanzan. También es la distancia entre lo que la ciudad produce y lo que el vecino recibe a cambio.

Durante el Foro Asunción-Medellín del ciclo “Foros de la Ciudad: 7 compromisos para Asunción”, la candidata asumió públicamente los puntos presentados por Codeasu y los vinculó a las 20 medidas urgentes de su plan de gobierno. Su diagnóstico fue directo: “Asunción no es que está caótica y desordenada y abandonada simplemente por fruto del azar”. Según sostuvo, esa situación responde a “una pésima administración municipal”.

Es una acusación política, pero también abre una obligación de campaña. Si el deterioro tiene responsables institucionales, la propuesta de cambio debe explicar con precisión cómo se corregirán los mecanismos que lo hicieron posible. No alcanza con prometer una ciudad limpia, ordenada o moderna. Hace falta identificar qué gasto se recortará, qué recaudación se recuperará, qué contratos serán revisados y qué prioridades pasarán a estar primero.

La candidata planteó reformas profundas y urgentes en la administración municipal. Habló de una estructura que debe salir de sus cuatro paredes, recuperar los centros municipales y acercarse a los barrios. También propuso revitalizar espacios públicos, mejorar veredas y desagües pluviales, y destinar a infraestructura los recursos que genera la ciudad.

La idea contiene una diferencia importante: una ciudad no se gobierna solo desde el edificio central ni se mide únicamente por grandes anuncios. La calidad de una administración se ve en la respuesta cotidiana ante un bache, una vereda intransitable, una calle anegada, una plaza abandonada o un trámite que nunca termina. Allí es donde el discurso de modernización debe transformarse en capacidad de ejecución.

El compromiso, entonces, no debería quedar limitado a crear nuevos planes. Asunción necesita saber cuál es su punto de partida: cuánto dinero ingresa realmente, cuáles son sus deudas, qué porcentaje de los recursos termina en servicios, cuántas obras quedan inconclusas y qué áreas concentran las mayores pérdidas de tiempo y confianza ciudadana. Sin esa base, cualquier promesa corre el riesgo de convertirse en otra lista de buenas intenciones.

Soledad Núñez aseguró que no llega a improvisar y que su equipo conoce procesos de reforma urbana. Reivindicó, además, una gestión “sin deberle nada a nadie, sin responder a otras estructuras, sin responder a otros intereses”. Es una promesa potente en una Municipalidad marcada por años de desconfianza. Pero precisamente por su alcance necesita traducirse en reglas públicas.

Una administración sin ataduras debe poder demostrarlo con decisiones verificables: presupuesto comprensible, ejecución visible, licitaciones expuestas, metas por barrio, responsables identificados y plazos que permitan controlar. Si se anuncia una intervención de desagüe, el vecino debe saber dónde, cuándo, cuánto cuesta y qué problema resolverá. Si se promete recuperar una plaza, deben constar el proyecto, la financiación, el mantenimiento y la fecha de entrega. Si se habla de descentralización, los centros municipales deben recuperar servicios concretos y no convertirse en oficinas sin respuesta.

La discusión sobre recursos también exige evitar una trampa: atribuir todos los problemas a la falta de dinero. La propia candidata sostuvo que Asunción tiene recursos. Por eso la pregunta de fondo no es solo cuánto recauda la capital, sino cómo administra lo que recauda y qué resultados obtiene. Una Municipalidad puede disponer de ingresos y, al mismo tiempo, carecer de capacidad para priorizar, planificar, ejecutar y rendir cuentas.

Los siete compromisos presentados en el foro pueden convertirse en una hoja de ruta útil si tienen indicadores públicos. Modernizar la gestión debe significar simplificar procesos y transparentar decisiones. Llevar la Municipalidad a los barrios debe implicar atención, participación y soluciones cercanas. Invertir en infraestructura debe reflejarse en drenajes, veredas y espacios públicos que funcionen, no en obras aisladas sin mantenimiento.

El objetivo planteado por la candidata es que Asunción vuelva a funcionar y escuche a su gente. La ciudadanía tiene derecho a tomar esa frase como un compromiso medible. La capital no necesita otra promesa de transformación abstracta. Necesita una administración capaz de demostrar, trimestre a trimestre, que cada recurso tiene destino, cada prioridad tiene plazo y cada responsable responde por sus resultados.

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