Para Castaing, la transición venezolana no puede limitarse a la supervisión externa ni a decisiones unilaterales. La incorporación de liderazgos internos y la defensa del derecho internacional serán determinantes para definir si el país avanza hacia un cambio real o mantiene estructuras autoritarias.
Tras la caída de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez asume la presidencia de Venezuela en medio de un “mandato temporal”, generando un escenario de incertidumbre que trasciende las fronteras del país y obliga a replantear el papel de los Estados en la región.
Desde Paraguay, el analista político Mario Paz Castaing afirma que la pregunta central no es únicamente la capacidad de Rodríguez para conducir esta transición, sino si su mandato será el inicio de una reconfiguración democrática o una continuidad del autoritarismo consolidado durante más de 25 años.
La forma en que se administren los pasos siguientes y cómo se reestructuren las instituciones definirá la naturaleza de la gobernanza futura y el impacto regional de este proceso.
Castaing sostiene que la salida de Maduro no se produjo mediante mecanismos multilaterales ni instancias clásicas del derecho internacional, sino a través de una operación directa de Estados Unidos, justificada bajo argumentos de seguridad interna y hechos delictivos vinculados al régimen.
El mandato temporal de Rodríguez plantea dos posibilidades principales, la desarticulación del aparato de seguridad y control que sostuvo al régimen durante más de dos décadas, o la reproducción de formas autoritarias bajo nuevas tutelas externas.
La falta de transparencia respecto a los acuerdos entre sectores del chavismo y la administración estadounidense incrementa la ambigüedad y coloca a la región en un escenario donde la incertidumbre se convierte en un factor estructural de la política venezolana y regional.
¿EE.UU., Edmundo o Rodríguez?
En este contexto surgen liderazgos alternativos que buscan legitimidad interna y reconocimiento internacional. Edmundo González Urrutia se ha presentado como representante del mandato popular del pueblo venezolano posicionándose como un referente frente al interinato de Rodríguez.
Por su parte, Estados Unidos, según declaraciones de Donald Trump y bajo la supervisión de su secretario de Estado, Marco Rubio, administraría temporalmente la transición, que podría extenderse de meses a años.
Castaing explica que el equilibrio entre estos actores será determinante para definir la gobernanza futura. Venezuela necesita una reconstrucción institucional que incorpore liderazgos con legitimidad popular y rompa con la continuidad del autoritarismo, mientras que la supervisión de EE.UU. marca la velocidad y alcance de los cambios.
La incertidumbre persiste, ya que aún no se conocen los términos completos de los acuerdos entre el chavismo y la administración estadounidense, y el proceso de transición depende tanto de negociaciones internas como de la influencia externa.
¿Qué necesita Venezuela desde una perspectiva internacional?
El país requiere un proceso que asegure una gobernanza efectiva y democrática. Esto implica desmantelar estructuras de control centralizadas, fortalecer la participación ciudadana y garantizar la inclusión de liderazgos que representen la voluntad popular, como González Urrutia.
Castaing advierte que limitar la transición a un reemplazo táctico de la cúpula política mantendría la incertidumbre y podría prolongar la fragilidad institucional.
Mientras la administración temporal estadounidense supervise los pasos iniciales, el ritmo de la transición dependerá de la combinación de factores internos y externos, incluyendo la capacidad del interinato de Rodríguez de mantener estabilidad y legitimidad.
Este proceso puede prolongarse meses o incluso años, afectando directamente la seguridad, economía y legitimidad institucional de Venezuela y de la región.
¿Cuál es el papel de Paraguay dentro de este esquema?
El cambio en Venezuela redefine la dinámica regional y plantea desafíos estratégicos para países como Paraguay. Castaing enfatiza que el país no puede limitarse a posturas declarativas sobre los hechos consumados, sino que debe reforzar su inserción estratégica, proteger sus intereses y defender activamente el derecho internacional.
La alineación con Estados Unidos u otros actores externos debe responder a criterios pragmáticos y de interés nacional, asegurando que Paraguay mantenga previsibilidad en sus relaciones comerciales y diplomáticas.
La transición venezolana deja de ser un fenómeno aislado y se convierte en advertencia: sin reglas claras y sin instituciones sólidas, la gobernanza de un país puede generar desorden regional.
Para Paraguay, el desafío consiste en participar activamente en la consolidación de un orden internacional que garantice seguridad, estabilidad y previsibilidad, protegiendo su economía, diplomacia y posición estratégica frente a un mundo donde, según el analista, la fuerza comienza a reemplazar al derecho.


