Juan Carlos “Kalé” Galaverna cumple 76 años en un país que lo conoce desde hace más de tres décadas como uno de los grandes protagonistas de la política nacional. Su figura encarna las luces y sombras de la transición paraguaya: opositor al stronismo en el exilio, operador de la gobernabilidad colorada, pero también símbolo de fraudes internos, clientelismo y escándalos que erosionan la confianza ciudadana.
Nacido en Ypacaraí en 1949, Kalé se formó políticamente dentro de la Asociación Nacional Republicana. En tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner pasó de integrar la estructura oficialista a sumarse al Movimiento Popular Colorado, MOPOCO, lo que le valió persecución y años fuera del país. Con la caída del régimen en 1989 regresó a la escena y fue parte del grupo de dirigentes que ayudó a encauzar la transición. Desde 1993 ocupó sin interrupciones una banca en el Senado hasta 2023, además de presidir el Congreso en dos ocasiones.
Para muchos, allí reside su legado positivo. Galaverna fue un parlamentario de “vieja escuela”: hábil orador, conocedor del reglamento, capaz de tejer acuerdos en pasillos y sobremesas para evitar crisis mayores. Supo negociar con todos los sectores del coloradismo y con aliados circunstanciales, aportando estabilidad a un sistema democrático frágil. El propio Senado lo homenajeó por sus 30 años de labor, reconociendo su peso en la construcción institucional.
Otra faceta que sus defensores destacan es su memoria histórica. Kalé vivió desde dentro el final de la dictadura, el nacimiento de la era “pos 89”, la hegemonía colorada y la irrupción de nuevos liderazgos. Convertido en conductor de programas de TV y radio, hoy narra esa historia a nuevas generaciones, mezclando anécdotas y datos de archivo.
Sin embargo, la misma trayectoria que lo vuelve referencia también lo coloca como emblema de prácticas que muchos paraguayos desean dejar atrás. En 2008, Galaverna reconoció públicamente haber participado del fraude en las internas coloradas de 1992, cuando se manipuló el resultado para favorecer a Juan Carlos Wasmosy frente a Luis María Argaña. La Justicia dio por prescripto el caso y el Senado lo sancionó con una suspensión temporal, pero el impacto simbólico fue enorme: un operador admitiendo que la trampa formó parte natural de la competencia partidaria.
A ese episodio se suman denuncias de planillerismo, acusaciones sobre cobro de sumas millonarias a cambio de “servicios políticos” y vínculos con operaciones financieras opacas. Aunque no todas las imputaciones prosperaron en tribunales, el cúmulo de sospechas consolidó su imagen de “hombre fuerte” de la vieja política, más preocupado por conservar espacios de poder que por transparentar su ejercicio.
Otro aspecto discutido de su influencia es la construcción de una dinastía. Su hijo, “Nano” Galaverna, siguió sus pasos hasta convertirse también en senador. Para algunos, se trata de la continuidad natural de una tradición familiar de servicio público; para otros, es la prueba de cómo los apellidos pesan más que los méritos individuales, y de cómo las estructuras partidarias terminan heredándose como si fueran patrimonio privado.
Incluso su vida privada impactó en la esfera pública. El famoso video íntimo grabado en dependencias del Congreso y filtrado en redes lo expuso a una avalancha de críticas, y volvió a instalar el debate sobre los límites éticos de quienes ocupan cargos de representación. Para sus detractores, el escándalo reflejó la sensación de impunidad con la que se manejan ciertos sectores; para sus seguidores, fue un tropiezo personal amplificado por sus enemigos.
A los 76 años, Kalé Galaverna aparece como personaje inevitable. Sus cumpleaños siguen generando saludos desde el cartismo y otras corrientes coloradas, pero también comentarios furiosos de ciudadanos que lo consideran responsable de la degradación institucional.
Tal vez su mayor trascendencia no radique en una obra concreta, sino en el espejo que ofrece. En él se reflejan las virtudes y defectos de una generación política que derribó una dictadura, mantuvo la estabilidad y abrió espacios de participación, pero que a la vez normalizó vicios como el clientelismo, el fraude y el uso patrimonial del Estado. Juzgar a Galaverna implica, en alguna medida, juzgar también el modelo de poder que sigue marcando al Paraguay contemporáneo.
Kalé Galaverna, el dirigente que encarna las luces y sombras del poder colorado
Juan Carlos “Kalé” Galaverna cumple 76 años en un país que lo conoce desde hace más de tres décadas como uno de los grandes protagonistas de la polít…










